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Posts Tagged ‘Tutoría

Cincuenta y cinco minutos es el tiempo que dura una clase; un tiempo tan corto a veces y, a veces, interminable.  Cincuenta y cinco minutos que el profesor emplea en remover conciencias, gestionar emociones, despertar sentimientos, tutelar intereses, renovar ilusiones, resolver conflictos, aclarar viejas dudas, plantear nuevos retos, celebrar éxitos, administrar fracasos, conocerse a sí mismo, entender a los otros, morir de frustración, disfrutar como nadie y enseñar un temario. Leer el resto de esta entrada »

La llamaré X. Fui su tutor hace ya tanto tiempo que es muy probable que no me recuerde, a pesar de que yo nunca la he olvidado. Tenía quince años y un carácter insoportable. Hablaba disparando las palabras, miraba de manera retadora, y era raro el día que no generaba una bronca o se veía envuelta en alguna pelea. Todos la respetaban, chicos y chicas por igual, y ella no discriminaba, si había que llegar a las manos se llegaba, ya fuera con unos o con otras. Leer el resto de esta entrada »

William Glasser, psiquiatra norteamericano interesado en el estudio del comportamiento humano, y en cómo la educación contribuye a conformar en cada persona una manera determinada de ser, ha establecido una conocida relación que trata de explicar cómo aprendemos.

El 10% de lo que leemos
El 20 %de lo que oímos
El 30% de lo que vemos
El 40% de lo que vemos y oímos
El 70% de lo que discutimos con los demás
El 80% de lo que hacemos
El 95% de lo que enseñamos a otra persona

Esta tarde salíamos del instituto, finalizada la jornada lectiva, y una compañera que me ha escuchado muchas veces hablar de lo importante que resulta trabajar las tutorías de manera activa, me ha contado el cambio que ha notado en su grupo de alumnos desde hace algún tiempo; en concreto, desde que empezó a plantear la tutoría como un trabajo en equipo en el que, por ejemplo, dramatizan escenas breves sobre temas que les interesa: piensan de qué quieren hablar, seleccionan la idea más aceptada, proponen personajes y escenario, escriben diálogos, ensayan, ponen en escena, graban, analizan…

Asegura que encuentra a los alumnos más motivados, y no sólo en la hora de tutoría, sino en el resto de clases, en las que han disminuído las pérdidas de tiempo, las discusiones y enfrentamientos, y resulta más fácil trabajar con ellos.

Según me explica ha llegado al convencimiento de que lo mejor para conseguir que aprendan es dejarles “hacer cosas”, y no sólo decirles cómo se hacen.

Al saber hacer, a la capacidad para aplicar lo que aprendemos, se le llama ahora “competencia”. ¿Es necesario que alguien lo escriba en un texto pedagógico, o lo publique en una ley de educación para que nos lo creamos?

El sentido común y la práctica diaria nos demuestra que es así. ¿Por qué, entonces, opone el profesorado tanta resistencia a pasar del “leer, ver y oir”  con el que tradicionalmente hemos enseñado, al “animar a la acción”, que parece que es lo que motiva, previene conflictos en el aula, y asegura mejores resultados?

Inma, una amiga a la que aprecio, me envía esta “carta a un maltratador” que, aunque apareció hace algunos meses, yo he conocido ahora, y me ha impresionado. La escribió un alumno de 2º de bachillerato en un IES de Badajoz. Es dura, pero me parece que da para una buena sesión de tutoría, o dos, o las que los alumnos y alumnas decidan, ¡qué caray!

Fernando Orden Rueda 2º de Bachillerato, de Ciencias de la Salud. IES Bioclimático, de Badajoz. II Premio del II Concurso Nacional ‘Carta a un maltratador’, convocado por la Asociación ‘Juntos contra la violencia doméstica’

Para ti, cabrón: Porque lo eres, porque la has humillado, porque la has menospreciado, porque la has golpeado, abofeteado, escupido, insultado… porque la has maltratado. ¿Por qué la maltratas? Dices que es su culpa, ¿verdad? Que es ella la que te saca de tus casillas, siempre contradiciendo y exigiendo dinero para cosas innecesarias o que detestas: detergente, bayetas, verduras… Es entonces, en medio de una discusión cuando tú, con tu ‘método de disciplina’ intentas educarla, para que aprenda. Encima lloriquea, si además vive de tu sueldo y tiene tanta suerte contigo, un hombre de ideas claras, respetable. ¿De qué se queja?

Te lo diré: Se queja porque no vive, porque vive, pero muerta. Haces que se sienta fea, bruta, inferior, torpe… La acobardas, la empujas, le das patadas…, patadas que yo también sufría.

Hasta aquel último día. Eran las once de la mañana y mamá estaba sentada en el sofá, la mirada dispersa, la cara pálida, con ojeras. No había dormido en toda la noche, como otras muchas, por miedo a que llegaras, por pánico a que aparecieses y te apeteciera follarla (hacer el amor dirías) o darle una paliza con la que solías esconder la impotencia de tu borrachera. Ella seguía guapa a pesar de todo y yo me había quedado tranquilo y confortable con mis piernecitas dobladas. Ya había hecho la casa, fregado el suelo y planchado tu ropa. De repente, suena la cerradura, su mirada se dirige hacia la puerta y apareces tú: la camisa por fuera, sin corbata y ebrio. Como tantas veces. Mamá temblaba. Yo también. Ocurría casi cada día, pero no nos acostumbrábamos. En ocasiones ella se había preguntado: ¿y si hoy se le va la mano y me mata? La pobre creía que tenía que aguantar, en el fondo pensaba en parte era culpa suya, que tú eras bueno, le dabas un hogar y una vida y en cambio ella no conseguía hacer siempre bien lo que tú querías. Yo intentaba que ella viera cómo eres en realidad. Se lo explicaba porque quería huir de allí, irnos los dos…Mas, desafortunadamente, no conseguí hacerme entender.

Te acercaste y sudabas, todavía tenías ganas de fiesta. Mamá dijo que no era el momento ni la situación, suplicó que te acostases, estarías cansado. Pero tu realidad era otra. Crees que siempre puedes hacer lo que quieres. La forzaste, le agarraste las muñecas, la empujaste y la empotraste contra la pared. Como siempre, al final ella terminaba cediendo. Yo, a mi manera gritaba, decía: mamá no, no lo permitas. De repente me oyó. ¡Esta vez sí que no!–dijo para adentro-, sujetó tus manos, te propinó un buen codazo y logró escapar. Recuerdo cómo cambió tu cara en ese momento. Sorprendido, confuso, claro, porque ella jamás se había negado a nada.

Me puse contento antes de tiempo.

Porque tú no lo ibas a consentir. Era necesario el castigo para educarla. Cuando una mujer hace algo mal hay que enseñarla. Y lo que funciona mejor es la fuerza: puñetazo por la boca y patada por la barriga una y otra vez…

Y sucedió.

Mamá empezó a sangrar. Con cada golpe, yo tropezaba contra sus paredes. Agarraba su útero con mis manitas tan pequeñas todavía porque quería vivir. Salía la sangre y yo me debilitaba. Me dolía todo y me dolía también el cuerpo de mamá. Creo que sufrí alguna rotura mientras ella caía desmayada en un charco de sangre.

Por ti nunca llegué a nacer. Nunca pude pronunciar la palabra mamá. Maltrataste a mi madre y me asesinaste a mí.

Y ahora me dirijo a ti. Esta carta es para ti, cabrón: por ella, por la que debió ser mi madre y nunca tuvo un hijo. También por mí que sólo fui un feto a quien negaste el derecho a la vida.

Pero en el fondo, ¿sabes?, algo me alegra. Mamá se fue. Muy triste, pero serenamente, sin violencia, te denunció y dejó que la justicia decidiera tu destino. Y otra cosa: nunca tuve que llevar tu nombre ni llamarte papá. Ni saber que otros hijos felices de padres humanos señalaban al mío porque en el barrio todos sabían que tú eres un maltratador. Y como todos ellos, un hombre débil. Una alimaña. Un cabrón.

Algunos profesores y profesoras se angustian mucho cuando llega la hora de tutoría.

Otros, en cambio, disfrutan de lo lindo, planteando una clase distinta en la que la relación con los alumnos y alumnas adquiere su máxima expresión. Momento para hablar, conocerse, construir con individualidades un grupo, mediar entre lo que quiero y quieres,sugerir propuestas, exponer proyectos, expresar inquietudes, debatir cuestiones de difícil encaje en otras áreas del currículo, formar opinión, practicar convivencia, destripar el mundo, ilusionarnos juntos, y ayudarnos mútuamente a ser más personas.

Si eres docente, y no tienes claro cómo rellenar una de esas interminables horas de tutoría, a las que no encuentras sentido, te invito a que pruebes con algo tan simple como este video. Cúrratelo un poco, y verás si se enganchan tus alumnos al tema. Prepara un buen cebo, lanza la caña, y deja que piquen.  Ya me contarás.

Prueba, si te apetece, con estos otros cortos que te ayudarán en los distintos temas que quieras tratar.

https://iessecundaria.wordpress.com/cortos-para-educar/

El próximo miércoles participo como ponente en un seminario sobre tutoría que organiza FOREM. Entre otras cuestiones, están interesados en que comente las diferencias en el ejercicio de la misma en primaria y secundaria.

Había preparado la ponencia basándome en un análisis centrado en características específicas del alumnado de una y otra etapa, pero creo que no me sirve. Es cierto que los alumnos son distintos en edad, intereses, motivación, actitud ante el estudio, capacidad de relación, etc., pero es el profesor quien decide por qué y en qué medida ha de ser diferente su trabajo como tutor.

Cuando alguien estudia magisterio está claro que sabe a qué se quiere dedicar, hay una intención clara por el ejercicio de una actividad profesional concreta; por el contrario, quien estudia derecho puede optar a la judicatura, opositar a notaría, montar un despacho, dedicarse a algún tipo de asesoramiento legal, etc. Igual sucede con otros estudios que, aunque en ocasiones no tienen una salida laboral fácil, sí permiten aspirar a otros trabajos distintos a la enseñanza. La intención con que se ha elegido estudiar una u otra carrera tiene importancia a la hora de afrontar el trabajo en una escuela o instituto.

Por otra parte, un maestro sabe que no le queda más remedio que ser tutor desde el primer día de ejercicio de su profesión, la única duda cuando llega a un colegio es si lo será de primero, tercero o quinto, pero no si podrá dejar de serlo.

El profesor de secundaria, por el contrario, sí tiene esa opción, y es bastante habitual que, si puede, elija no ser tutor. En los institutos suele ser frecuente adjudicar las tutorías a los compañeros que llegan nuevos, interinos, en comisión de servicio, e incluso a quienes tienen un horario a tiempo parcial.

Parece evidente que la motivación, en uno y otro caso, no será la misma.

Las funciones del tutor en primaria y secundaria son similares, por lo que en mi opinión el origen de esta interpretación diferente de la acción tutorial no está tanto en las características distintas del alumnado, a las que pueden adaptarse las actuaciones, sino a la intención y motivación con que los docentes llegan a una y otra etapa.


Me apasiona la pedagogía, actividad a la que me dedico profesionalmente.
También me gusta opinar y debatir sobre temas de política y actualidad.
De estos dos intereses, y del deseo de no mezclarlos, aunque estén íntimamente relacionados, nacen estos blogs que te invito a descubrir, y en los que te animo a participar con tus comentarios.

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