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Antievaluación

Posted on: 13 octubre 2015

Jamás dejará de sorprenderme y, por qué no decirlo, de abochornarme, la actitud con la que muchos docentes acudimos a las sesiones de evaluación.

Lo que debería ser el momento culminante en los procesos de enseñanza y aprendizaje, una oportunidad única para el análisis, la reflexión, la formulación de propuestas de mejora y la adopción de compromisos y acuerdos compartidos por el equipo educativo, se convierte en muchos casos en un acto formal, burocrático, tedioso, insustancial, un trámite incómodo, molesto incluso, cargado de comentarios tópicos, que deseamos despachar de forma rápida.

Es la antievaluación, un ejercicio extraordinario de hipocresía en el que no importa tanto la búsqueda sincera y efectiva de respuestas a los problemas que presenta el alumnado como el deseo de que todo acabe bien para el profesorado, sin que nuestra competencia e integridad profesional sea puesta en duda.

La evaluación, tal como la entendemos y planteamos en muchos casos, tal como la vivo desde hace demasiados años, no pasa de ser un proceso vergonzoso en el que los evaluadores asumimos el papel de jueces y nos negamos a aceptar el de parte, que también nos corresponde. A veces, un falso ejercicio de funcionamiento democrático en el que, con fingida generosidad, dando muestras de una inexistente intención de renovación pedagógica, permitimos que los alumnos opinen sobre cuestiones que previamente filtramos y cuyas respuestas siempre matizamos, si no se ajustan a lo que esperamos; al fin, si no alcanzan los objetivos propuestos, el problema es solo de ellos, que no se esfuerzan suficiente.

Necesitamos reformas educativas, leyes progresistas que apunten en la dirección que señalan las inquietudes y propuestas del profesorado, así como las necesidades del alumnado. Y es preciso que gobiernos valientes, comprometidos, las impulsen y defiendan; pero nada, absolutamente nada provocará un auténtico cambio en la educación si no contamos con la ilusión, el entusiasmo, el compromiso, la generosidad, la entrega y, en definitiva, la profesionalidad (que no consiste solo en cumplir un horario y completar un temario) del profesorado. Algo que se nos supone a cuantos hemos elegido esta profesión.Y con la apuesta decidida por no escurrir el bulto. por asumir sin complejos ni excusas, junto al alumnado, nuestra  condición de parte protagonista de los procesos educativos, también en el momento crucial de la evaluación.

4 comentarios to "Antievaluación"

Reblogueó esto en Grupo de innovación e investigación pedagógica "Mestre Ripoll"y comentado:
“Antievaluación” por @jpslatorre

A menudo se escucha desde el profesorado una queja tan razonable como real con relación a la necesaria coordinación de los docentes. A veces se consigue coordinar al profesorado tutor, una vez a la semana, a fin de poner al día el plan tutorial y tomar decisiones al respecto.
No obstante, poder coordinar a los equipos docentes de niveles o grupos concretos es extremadamente complejo. La tutoría necesita saber toda suerte de detalles sobre el alumnado del cual es responsable. Detalles e informaciones que sirven para conocer, justificar o ampliar la visión de los jóvenes a fin de tomar decisiones en consecuencia. Resulta paradójico, pues, que en muchos contextos, no se rentabilicen las juntas y reuniones de evaluación. Una excelente oportunidad para intercambiar opiniones, datos e informaciones que la tutoría debe gestionar, puede desaprovecharse miserablemente.
Todos hemos asistido a juntas evaluadoras donde sólo se aportan las notas al efecto de rellenar el boletín evaluador. Incluso cuando alguien solicita sosiego y tiempo para poder dialogar y aportar se escucha aquello de “ abrevia que faltan varios grupos “ o “ no estamos aquí para cotilleos”. He conocido algún caso de acoso sobre un joven que quizás se podría haber conocido antes, sencillamente intercambiando la percepción del mismo por los especialistas del equipo.
No es un hecho generalizado pero ocurre. Una pena para el alumnado, carencias en la profesionalidad de algunos docentes, aquello de “ el uno por el otro la casa sin barrer “ y desprestigio para el centro. El problema es que las decisiones sobre estos jovencitos puede ser más trascendente de lo que nos imaginamos.

[…] las actitudes con las que algunos docentes acuden a las sesiones de evaluación: Antievaluación (Juan Pedro Serrano – […]

Acertadísimo como siempre en tu comentario, Juan. De acuerdo en que, muchas veces, parece que no seamos conscientes de las repercusiones que tienen nuestras decisiones en la vida en el instituto y futura de nuestro alumnado. Hablas de profesionalidad; pues, eso.

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