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HIYAB

Posted on: 10 marzo 2015

En la tutoría del próximo Viernes pasaré a mis alumnos y alumnas este corto que Xavi Sala escribió, dirigió y produjo hace ya algunos años. Hablaremos de tolerancia, respeto, derecho a ser diferente, libertad de pensamiento y opinión, igualdad y de todas esas cuestiones que no evalúa PISA, no cuentan para la nota de Secundaria o Bachillerato, no ponderan en selectividad, pero nos ayudan a ser personas, a comportarnos, reconocernos como personas y no como meros archivos biológicos de memoria. Para guardar información ya está Google.

Es un corto que siempre me conmueve, nunca me deja indiferente y se presta como pocos a que cada cual encuentre en él la pregunta que no acertaba a formular, la respuesta que no hallaba o la confirmación de una sospecha que le asaltaba. “Yo veo una violación”, me dijo un día una alumna. De eso y de violencia de género estuvimos hablando durante cuarenta minutos. ¿Qué veis vosotros y vosotras?

3 comentarios to "HIYAB"

Es muy bueno. “Normalizamos” solo lo que nos interesa….

El llanto de Fátima
Hace un par de años, Fátima, una chica árabe de quince años, protagonizó un episodio impactante con motivo de la despedida de uno de sus profesores, el psicopedagogo del centro, en el día de su jubilación.
Era su segundo año en el instituto, venía de un centro concertado religioso de la localidad y su escolarización estaba jalonada de conflictos. Las actitudes racistas, intransigentes e hirientes de una parte del alumnado del centro y de su grupo de tercero de ESO, en particular, unido a su carácter provocador e inestable, generaron una alarma que supuso una simple continuidad de los cursos anteriores. Rara era la semana en la que la comisión de convivencia no tuviera que valorar situaciones tensas en torno a Fátima, elevar expedientes disciplinarios, sanciones, contactos con familias… También, el hecho de ser una mujer árabe, con una familia desplazada de su país, con la pretensión de perseguir y alcanzar sus propios sueños, con la idea de romper el triste destino de las mujeres de su familia y con todo el peso ideológico que la educación particular de su entorno le imponía, eran elementos determinantes con el peso de una enorme losa.
Se tuvo que trabajar intensamente en todos los ámbitos, todos tenían que poner de su parte para procurar una tregua en la desagradable espiral generada y posteriormente, sentar bases para una convivencia razonable. En varias ocasiones, cuando su posición era más radical contra todo y contra todos, aparecía en el centro con su hiyab. Mucho se tuvo que hablar, negociar, reparar y acordar para caminar por la senda de la tolerancia recíproca. Y así fue como, poco a poco, esta joven encontró su sitio y la mayoría de compañeros el necesario respeto para la convivencia en relativa armonía. Pasaban semanas y meses sin incidencias resaltables más allá del hecho de si sus notas, sus resultados académicos, eran los deseables para su futuro. No obstante esta paz requiere de una intervención constante, de un estar en guardia permanente anticipándose a posibles incidentes y de una inyección continua de seguridad, orgullo y autoestima, fundamentalmente para Fátima.
Todo ser humano requiere seguridad, estabilidad, confianza y ambientes controlados. A menudo, los más frágiles lo pueden conseguir con la ayuda de otros, más aún si su situación es precaria con escasas relaciones y apoyos que un grupo pueda proporcionar. También deseamos ser atendidos y protegidos manteniendo los puentes y pilares que todavía nos funcionan.
En esa despedida Fátima mostró su llanto y desgarro desconsolados por el hecho de perder a una persona que simplemente la escuchaba, tranquilizaba, aconsejaba, le allanaba el camino, le hizo creer en ella misma y en sus posibilidades de encaje en el nuevo ambiente. Pero todo esto es lo que nos hace crecer, progresar y Fátima lo hizo con un esfuerzo extraordinario.
Desde aquel acontecimiento, una vez jubilado, he pasado por el centro, he charlado con ella y he comprobado algunas mejoras, pero sobre todo, mayor alegría, estabilidad y seguridad en su rostro. Creo que todo aquel esfuerzo valió la pena. Y es que la pretensión de todo ser humano es, por encima de todo, sobrevivir y ser feliz, independientemente de colores y credos.

Así es, anónimo.
Juan, deberías escribir tus memorias. Serían todo un tratado pedagógico que muchos agradeceríamos.

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