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Cincuenta y cinco minutos

Posted on: 10 junio 2014

Cincuenta y cinco minutos es el tiempo que dura una clase; un tiempo tan corto a veces y, a veces, interminable.  Cincuenta y cinco minutos que el profesor emplea en remover conciencias, gestionar emociones, despertar sentimientos, tutelar intereses, renovar ilusiones, resolver conflictos, aclarar viejas dudas, plantear nuevos retos, celebrar éxitos, administrar fracasos, conocerse a sí mismo, entender a los otros, morir de frustración, disfrutar como nadie y enseñar un temario.

En cincuenta y cinco minutos, cinco veces al día, el profesor se reinventa; lo que ayer funcionó, hoy apenas le sirve, las certezas de un día son dudas el día siguiente, el método infalible de hace solo un instante resulta ineficaz un minuto después. Cada clase es distinta, distintos los alumnos, diferentes los motivos que les llevan al aula, distintas sus respuestas a los mismos estímulos. Cada cual necesita y demanda al profesor su dosis adecuada de atención, interés, apoyo, comprensión, escucha, paciencia, temple, dedicación.

Difícil escenario que en muchas ocasiones le lleva hasta los límites de lo soportable, tal vez, más allá. Cada sesión de clase el profesor se entrega, se vacía, no guarda para sí nada que sospeche que sirve a sus alumnos, ensaya mil maneras de hacer interesante lo que ninguno de ellos le ha pedido que enseñe, prueba continuamente métodos diferentes para hacer que confíen en sí mismos, para que no se rindan, que expriman hasta el límite sus posibilidades. A cambio, espera poco; si acaso, una mirada, un gesto amable, un buenos días al entrar, o un adiós al salir del aula. Y un poco de respeto.

A veces, los alumnos comprenden el mensaje que el profesor envía en esos pocos minutos tantos días repetidos, tantos cursos pasados. Entonces, se siente confortado, ha valido la pena, todo adquiere, de pronto, un sentido distinto, un nuevo significado. Olvida por un momento las medidas absurdas del ministro de turno, los muchos disparates de alguna consejera metida a portavoz de un gobierno autonómico, la falta de criterio de gobiernos infames y disfruta el instante metido en su burbuja. ¿Sería tan feliz realizando un trabajo distinto a éste que ejerce? No, no se ha equivocado, quería hacer lo que hace, quería ser lo que es.

(A Nastia e Isabel, que dejan el instituto para ir a la universidad. Disfrutad, sed felices y seguid trabajando. Gracias, por haberme permitido compartir estos años con vosotras).

 

 

 

6 comentarios to "Cincuenta y cinco minutos"

La verdad es que releo esta entrada tuya y, en fin, siendo profesor no puedo evitar la identificación, aunque esté en otra comunidad autónoma.
A estas alturas de curso, que estamos ya “baldaos”, que olemos la cercanía de esas muy merecidas y necesitadas vacaciones (pese a las necias críticas de tantos a este respecto), uno se siente vacío y lleno a la vez, queriendo perder de vista a estos chavales y, por otro lado, sabiendo que se les echará de menos o, incluso, que quizá no se les vuelva a ver (como es mi caso: interino). Una contradicción vital que se ve apagada por el absoluto absurdo del papeleo al que nos vemos abocados.
Con tu permiso, voy a publicar tu entrada en mi blog.
Gracias compañero.

Gracias a ti y, por supuesto, permiso concedido, compañero. Supongo, efectivamente, que este sentimiento tiene mucho que ver con el oficio que ejercemos, da igual la comunidad en la que trabajemos. Tendemos a pensar que siempre somos nosotros quienes influimos en nuestros alumnos, quienes dejamos algo de nosotros en ellos después de cada curso, pero lo más seguro es que sean ellos quienes, de alguna manera, nos van “modelando”, año tras año, como profesores.
De acuerdo con el comentario que dejas en tu blog. Qué importante es lo que pasa en esos cincuenta y cinco minutos y lo demás… mandangas.

Reblogueó esto en Grupo de innovación e investigación pedagógica "Mestre Ripoll"y comentado:
Por Juan Pedro Serrano Latorre:

Como siempre, acertado, Juan Pedro.
Comparto en Facebook, con tu permiso.

Gracias, Mónica. Por supuesto, puedes hacer lo que quieras con la entrada. Un saludo.

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También me gusta opinar y debatir sobre temas de política y actualidad.
De estos dos intereses, y del deseo de no mezclarlos, aunque estén íntimamente relacionados, nacen estos blogs que te invito a descubrir, y en los que te animo a participar con tus comentarios.

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