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Los tres deseos de Carla

Posted on: 3 diciembre 2013

Carla ha llegado este curso al instituto, tiene doce años, es una niña alegre, aunque de lágrima fácil, vivaracha, acostumbrada a dar y recibir cariño, habituada a un entorno en el que su felicidad siempre es lo más importante. Ríe mucho, de manera explosiva, ruidosa, sin miedo ni complejos. Pregunta lo que quiere y, a veces, cuando quiere, con la inocencia y el descaro de quien busca respuestas porque desea saber.

Está desorientada, confusa, desde que empezó el curso su vida ha cambiado. No entiende que se burlen cuando pregunta en clase, ni que la hagan callar cuando opina sobre algo, que intenten silenciarla si pide la palabra, o que nadie la elija cuando forman equipos.soledad1

El instituto no es el lugar que esperaba. Se siente desplazada, no es el centro de nada, nadie la tiene en cuenta por mucho que se esfuerce en agradar a todos. Ha iniciado el camino de tantísimos otros que, para hacer amigos deciden comportarse como nunca habían hecho.

He releído su encuesta de principio de curso. “¿Qué esperas conseguir este año en el instituto? Hacer amigos, pasármelo bien y aprobar”. Fueron sus tres deseos.

A la hora del patio ha venido a decirme que ya no aguanta más. Esta mañana, cuando subían a clase, algo le ha hecho reír y ha reído a su manera. Quienes la acompañaban la han mandado callar, le han dicho que sentían vergüenza de ir con ella. Y anoche, además, la pusieron a caldo en un grupo de whatsapp.

Pobre Carla, no sabe que aquí sus deseos no son órdenes, que a casi nadie importa si hace amigos o no, que pasárselo bien no está entre los objetivos de las programaciones y que aprobar el curso no le será tan fácil, tenemos que impedírselo al 32%.

¿Qué lugares son estos, que en menos de tres meses consiguen que una alumna se frustre hasta este punto?, ¿qué espacios diabólicos estamos diseñando, que en solo unas semanas consiguen que una alumna se sienta abandonada?, ¿qué educación es ésta, que no puede evitar que tantas ilusiones salten en mis pedazos en menos de tres meses?, ¿qué se hará ahora con Carla?, ¿quién será el Aladino que le ofrezca su lámpara, para que frote y pida su deseo más querido: volver a ser feliz?

13 comentarios to "Los tres deseos de Carla"

Reblogueó esto en Ciencias Sociales.y comentado:
Por Juan Pedro Serrano:

Carla no es un caso aislado, muchos chicos sienten como Carla, que su vida se desmorona, y es que son chicos que no saben enfrentarse a esas situaciones por falta de madurez, van al instituto demasiado jóvenes, y tienen por compañeros a casi adultos, inmaduros y sin personalidad, y en primaria no se les enseña a pensar, a decidir….

“tenemos que impedírselo al 32%” !?!?!?
Qué quiere decir eso Juan Pedro? No lo entiendo…….

Paloma, es cierto, hay muchas Carlas en nuestros centros. Aunque coincido contigo en la posible falta de madurez y la dificultad de enfrentarse a determinadas situaciones novedosas a las que deben enfrentarse, creo que los centros tampoco están preparados, en cuanto se refiere a estructura organizativa y competencia del profesorado, para ofrecerles la atención y apoyo que necesitan.
No comparto tu afirmación respecto a que en primaria no se les enseñe a pensar o decidir. Sé que, en general, sí se trabajan estos aspectos, pero estamos en lo de siempre, que se hayan trabajado en primaria no implica que lo hayan aprendido o que no debamos seguir trabajándolo en secundaria. Ésa es parte de la queja que pretendía expresar en este artículo.
Gracias, A.M. por tu “reblogueo”.
Erika, tal vez debería haber entrecomillado la frase, para que resultara evidente la ironía. Todo el párrafo pretende ser una “amarga queja” respecto a la actitud que se tiene en muchos centros con respecto a los alumnos que llegan el primer año del colegio, sin recursos suficientes para enfrentar su nueva vida en el instituto. Como he querido entender en el comentario anterior de Paloma, no sé si acertadamente, damos por hecho que deben llegar del colegio sabiendo qué hacer, pero no es así. Se sienten confundidos, desvalidos y obligados a modificar todos sus esquemas a marchas forzadas. En muchos centros, muchos profesores, podemos llegar a pensar que “así son las cosas” y que son los propios alumnos quienes deben apañárselas. Asumimos que ya aprenderán por sí mismos, poniendo en grave riesgo la estabilidad emocional y las posibilidades de éxito de todxs lxs Carlas, damos por hecho que la educación de los sentimientos no es un objetivo prioritario, cuando en mi opinión es clave y, vergonzosamente, llegamos a considerar “normal”, aunque lamentemos que se produzca y lo critiquemos, un determinado índice de fracaso escolar, que Valencia se acerca al 32%. De ahí el comentario.

Estoy suscrito a tu blog en Feedly pero lo abro poco. Hoy, en un descanso de corregir, me he puesto al día.
Solo quería saludar porque no vale la pena empezar a hacer comentarios en todas las entradas.
Leo tus entradas y me pongo en situación: mi Carla, Vicente, Jose, Lidia… No llego, tengo 56 de 3º repartidos en dos grupos y hay a algunos a los que no llego. Pero soy cabezota y continuaré insistiendo.
Saludos

Estimado Juan Pedro, en primer lugar quiero agradecerte por tus artículos, por las experiencias pedagógicas que generosamente compartes con nosotros, los que también sentimos pasión por la pedagogía, la transmisión de conocimientos, de valores y de experiencias.
Recién hoy leí tu comentario y no creo que fuera necesario el entrecomillado. Digamos que leí el artículo a vuelo de pájaro y no llegué a comprender su sentido irónico, que es evidente.
Yo pienso que nuestros alumnos no tienen por qué aprenderlo todo y de igual modo, sino que, por el contrario, debemos esforzarnos por detectar sus verdaderas necesidades, inclinaciones e intentar, dentro de nuestras posibilidades enriquecerlas, potenciarlas. Eso los hará transformarse en personas seguras y felices. No pretendo descuidar sus puntos débiles sino estar más atentos a sus verdaderas

necesidades

Intento concluír mis pensamientos. Si un alumno/a no destaca en matemáticas y se desmotiva porque eestudia pero no logra resolver determinados ejercicios, entonces no le vamos a complicar la vida y ponerle ejercicios cada vez más complejos porque el currículo así lo prevé. Lo que lograremos es desmotivarlo y aumentar su desgano, fracaso escolar y deserción. Lo más lógico sería continuar ejercitando su inteligencia matemática en concordancia con sus aptitudes y su ritmo personal. Al mismo tiempo, enriquecer su mente con sus aficiones verdaderas, ya sea la música, el deporte, los idiomas, el arte, la historia. Cuanto mayor sea nuestra sensibilidad y nuestra experiencia profesional, tanto mejor estaremos capacitados para adecuar las exigencias curriculares a las inclinaciones personales de nuestros alumnos. La educación debe ser una experiencia feliz. Ahora, cómo se logra ésto en una clase multicultural de 35 alumnos?

Perdón, no logro concluír mis pensamientos porque se me corta el espacio para escribir. Quiero finalizar con la certeza que tengo de que carecemos (la mayoría de los que somos o hemos sido docentes) de una formación adecuada. Somos buenos conocedores de nuestras asignaturas pero, en general, pésimos transmisores y carentes de la sensibilidad humana para que una relación Profesor-Alumno sea trascendente y pueda responder a las necesidades que los “Carlos” y las “Carlas” verdaderamente necesitan.
Gracias Juan Pedro por tus valiosos aportes en este blog!

Gracias a ti, Erika, por tus comentarios, siempre acertados e interesantes. Estoy, una vez más, de acuerdo contigo. Es urgente cambiar el modelo de formación inicial del profesorado; valorar los conocimientos de la asignatura, desde luego, porque no se puede enseñar lo que se desconoce, pero no olvidar, como ahora se hace, aspectos que resultan imprescindibles para gestionar una clase: tutoría, resolución de conflictos, metodología de la propia asignatura, etc. Por mucho que se domine la materia, si no se sabe enseñar ni motivar al alumnado para que sienta deseos de aprender, estamos perdidos.
Una formación inicial diferente conseguiría que, como tú planteas, el profesorado entendiera que no existe una única inteligencia y que hay alumnos que no tienen facilidad para la adquisición de determinados conocimientos pero son muy competentes en otro tipo de habilidades que, adecuadamente desarrolladas, evitarían la sensación de fracaso que muchos de ellos experimentan y activaría su deseo de aprender.
Es absurdo que los profesores sigamos pensando en estos momentos que nuestra labor consiste fundamentalmente en transmitir conocimientos, cuando la mayor parte del conocimiento lo adquieren los alumnos al margen de la escuela. Nuestro papel, como creo que planteas, debería ser el de mediadores más que el de instructores, para atender de verdad las necesidades e inquietudes de los alumnos. Tal vez sea ésta la clave para reducir el insoportable fracaso escolar que, como te decía antes, parece que incluso aceptemos como normal.
Un saludo.

Gracias por tu respuesta Juan Pedro. “Reducir el insoportable fracaso escolar”, “atender de verdad las necesidades e inquietudes de los alumnos”. Sí, yo también pienso que es urgente – muy urgente trabajar en esa dirrección. Sabemos que en Finlandia existe una Universidad para la Educación. Pero también en Sudamérica hay institutos que preparan a los futuros profesores para la tarea educativa. Los profesores de historia por ejemplo reciben una formación paralela en matemáticas y en pedagogía, que dura 4 años. ¿Porqué no podemos tener algo así en España? La sociedad cambia a pasos agigantados y, sin embargo, seguimos aferrados a sistemas obsoletos, sistemas que ya no sirven para dar respuesta a nuestros niños y a nuestros jóvenes. Es lamentable pero cierto. Y la solución, claro está, no radica en lamentarse como yo lo hago. España tiene maravillosos profesionales, gente muy preparada.

La EDUCACION no debe estar en manos de los políticos. Debe ser una comisión de pedagogos, profesores y expertos en educación los que tomen las decisiones de su puesta en práctica. La financiación es un tema aparte, los recursos económicos sí deben ser proporcionados por el Estado. Nadie mejor que las personas que están dentro de una institución escolar pueden saber qué es lo mejor para los alumnos y qué cambios deben implementarse para los tiempos que corren.
A todos los profesores y profesoras que se esfuerzan por sacar adelante a sus alumnos en el caos que se vive hoy, les deseo mucha fuerza y optimismo para seguir adelante con su tarea, una tarea que dará sus frutos en algún momento porque el futuro de un pueblo está en sus niños y en sus jóvenes adolescentes. Es en estas edades en las cuales podemos transmitir valores de respeto, de solidaridad, de ética, de humildad, de humanidad, de conocimiento útil y progresista.

Estamos de acuerdo, Erika, quién mejor que el profesorado conoce las dificultades que plantea el sistema y puede ofrecer propuestas de solución para la redacción de una buena ley educativa. Sin embargo, ya ves, aquí se redacta la LOMCE a espaldas de los trabajadores de la enseñanza, las familias y, por supuesto, el alumnado, y se publica en contra de la opinión y el deseo de todos ellos. ¿Alguien lo entiende?
Gracias por tu apoyo.

Dice Mario Benedetti: “no te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda, y se calle el viento, aún hay vida en tus sueños………”
Gracias por tus opiniones en este blog, a los que estamos en la lucha por encontrar un lugarcito en la apasionante tarea que es educar, aprender y enseñar, reír, llorar, nos regalas esperanza, fuerza, muchas ganas de mejorar, de crecer. A mi me regalas todo eso y mucho más y estoy tan agradecida. Abrazos!

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