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Mi escuela anestesiada

Posted on: 7 octubre 2013

Mi escuela anestesiada no se inquieta por nada. El sosiego, la calma, la ausencia de emociones se impone en los pasillos, el patio, las aulas y el ánimo de todos los que en ella conviven.

Alumnos somnolientos bajan, sin mucha prisa, de autobuses repletos, cada nueva mañana. En la puerta de entrada, un rosario de coches de padres impacientes  arrojan a otros muchos que acompañan de casa. Profesores nerviosos pulsan con insistencia el mando de la puerta del garaje del patio. Entran, suben a clase, preparan el trabajo, o corren apurados escaleras arriba, dejándose arrastrar por la ola adolescente que, de buena mañana, pasa de cortesías y no les cede el paso.

Hoy será igual que ayer, lo mismo que mañana. La escuela anestesiada nunca admite propuestas que impliquen cambio alguno, no se plantea preguntas, no exige más respuestas que las que se recogen en los libros de texto, evita sobresaltos, no se embarca en proyectos de incierto resultado, desconfía de reformas y, cuando se le imponen, acepta de buen grado. Alaba la certeza de lo que siempre ha sido como tiene que ser, desconfía de conceptos que nunca ha comprendido, sospecha del alumno que exige demasiado, silencia al profesor que pretende innovar, censura a las familias que desean implicarse más allá de ese punto que estima conveniente.

Mi escuela anestesiada narcotiza al alumno, atonta al profesor, construye un universo de irrealidad virtual en el que personajes gastados por el tiempo, ajenos al momento que viven, actúan inconscientes. No habla de Lampedusa, ni le interesa el paro, no entiende de pensiones que obligan a la gente a vivir en la ruina, los recortes son temas de los que otros se ocupan, no comenta la lucha que se libra en Baleares, ni se menciona a Wert: ¡qué pereza! Más huelgas, más protestas, otra vez a la calle y, total, ¿para qué?

Recreo. Los alumnos mordisquean su bocata en el patio, deambulan perdidos, o se apoyan ociosos contra alguna pared. En la sala de profesores algunos compañeros se sientan relajados: el lunes no habrá clase. No, es la fiesta local, la Virgen del Rosario. ¿Te apetece un café? No, gracias, ya he tomado.

¿Quién canturrea la nana que nos tiene dormidos? ¿Despertará un día del sueño mi escuela anestesiada?

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5 comentarios to "Mi escuela anestesiada"

SI, porque no hay otra posible. Es solamente una cuestión de tiempo. La escuela anestesiada dará lugar a la escuela transgresora, la crítica, la reflexiva, la que se enfrenta a lo preestablecido, a lo dogmático. Yo no concibo otra escuela, el tiempo lo demostrará……….

Reblogueó esto en Grupo de innovación e investigación pedagógica "Mestre Ripoll"y comentado:
Por Juan Pedro Serrano.

Gracias, Erika, tus comentarios van siempre aderezados con una pizca de optimismo que viene muy bien en determinados momentos. Espero que tengas razón, yo tampoco concibo otra escuela, pero el tiempo debería ser … ahora. Un saludo.
Gracias, A.M. por tu reblogueo.

La Escuela Pública está, en estos momentos, más que anestesiada , noqueada y olvidada por sus padres supremos que pululan a menudo por el Congreso de los Diputados. No es momento para echar cohetes. No obstante, yo quiero verlo desde una óptica más positiva. La anestesia suele ser una situación asociada a la cirugía para reparar desperfectos y disfunciones. No hay mal que cien años dure ni perversas leyes que se perpetúen hasta los restos. No tengo la menor duda de que el sentido común se impondrá y con la fuerza de todos, la proa de este barco – hoy casi barcaza o cayuco – apuntará a buen puerto.
De las graves crisis suelen surgir las grandes mejoras. Todos tenemos que remar y soplar en la dirección adecuada a pesar de la piratería oportunista e incompetente que hoy timonea. Los tiempos mejores vendrán si nos empeñamos en ello. La responsabilidad es colectiva y empieza ineludiblemente por uno mismo.

No resulta fácil, Juan, ver la parte positiva de esta situación dramática que vive la escuela pública. Mientras cambia un gobierno, se impone el sentido común y todos nos ponemos de acuerdo para remar en la misma dirección, transcurre un tiempo precioso que marcará de manera definitiva a toda una generación de alumnos y profesores.
No percibo en el ambiente escolar y social la actitud de protesta firme, de reivindicación, de lucha y no de lloriqueo que se necesitaría para lograr que las cosas cambien. Deseo, no obstante, que tengas razón, aunque no podemos esperar mucho tiempo más.

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