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Trabajo en Renault, compro un Volkswagen

Posted on: 6 marzo 2013

Marilia es una profesora extraordinaria, enamorada de su trabajo, entregada a sus alumnos, siempre dispuesta a aprender,  que ha decidido matricular a su hijo en un colegio privado, a pesar de que ella trabaja en un instituto público.

Hoy hemos estado hablando de esas cosas que suelen hablar los docentes preocupados por la calidad de su trabajo y el buen funcionamiento de su centro; ya sabéis, ¿por qué se echa a perder un alumno que viene del colegio de primaria con muy buenas referencias, a las tres semanas de estar en el instituto?, ¿por qué resulta tan complicado conseguir que siete u ocho profesores se pongan de acuerdo respecto a la manera de trabajar con un mismo grupo de alumnos?, colegio_privado¿por qué es casi inevitable que un alumno con dificultades de aprendizaje acabe repitiendo curso, en lugar de incorporarse con cierto grado de normalidad a su grupo, a pesar de las medidas de atención a la diversidad que adoptamos para “recuperarlo”?, ¿por qué no consideramos la posibilidad de que muchos de los conflictos que surgen en el aula y la desmotivación que achacamos al alumnado se deban, en parte, a la manera de trabajar del profesorado?, ¿por qué dedicamos tan poco tiempo a hablar de los problemas de nuestros alumnos, a coordinar actuaciones conjuntas encaminadas a paliarlos, y tanto a quejarnos de las dificultades que nos plantea su “inexplicable” comportamiento?

Por todo esto, asegura, ha decidido no matricular a su hijo en la pública. Y porque en la privada las cosas están más claras, el profesorado no va de por libre, no hace lo que le da la gana, se somete a las directrices de un jefe que defiende un proyecto concreto, conocido y aceptado por todos, que no admite discusión, hacia cuya consecución todos dirigen sus esfuerzos.

Hasta no hace mucho, decisiones como ésta me sugerían un ejemplo que creía razonable, ¿se imaginan a un mecánico de Renault que, dispuesto a comprarse un coche, renegara de la marca que le paga, traicionara a la empresa que le mantiene y optara por un Volkswagen?

Para cualquiera que hubiera escuchado nuestra conversación hubiera resultado cómico, supongo, observar a Marilia, casi disculpándose, ofreciendo argumentos que justificaran ante sí misma su opción por la privada, mientras yo enarbolaba la bandera de lo público y la coherencia, pero coincidiendo con ella en el diagnóstico sobre las dificultades cada vez mayores que se dan en la escuela pública para desarrollar un proyecto coherente, participativo, global y centrado de manera prioritaria en el alumno.

Aunque siempre compraría un Renault, creo que podría entender a quienes se decantaran por el Volkswagen. ¿Me estaré haciendo viejo e incongruente?, ¿estarán empezando a conseguir sus objetivos quienes se empeñan en cargarse la escuela pública?, ¿concedo demasiada importancia a lo que no es más que una paparruchada?

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6 comentarios to "Trabajo en Renault, compro un Volkswagen"

Estimado Juan Pedro, alguna vez he comentado aquí y expreso un gran respeto por tu trabajo que valoro sobre todo por partir de las aulas más que desde las tarimas en los salones de actos o los cañones de palacios de exposiciones y congresos. Es importante para mí aclarar el matiz anterior; si algo suaviza el discurso pedagógico (sobredimensionado actualmente) es el ejercicio directo con alumnado convencional, y si es en el sector público más aún.
Tenemos problemas estructurales graves en nuestro país respecto a nuestro sistema educativo; 1-falta de visión de estado, 2-dualidad selectiva a través de un sistema de conciertos y 3-cuerpos docentes diferenciados de difícil acomodo en una única etapa educativa (la obligatoria). Ello produce, me parece, A-división entre comunidades, B-selección injusta entre alumnos y C-desunión entre profesores. Por citar los más graves en mi opinión. En esta ocasión me centro en el -2- o dualidad selectiva a través del sistema de conciertos. Esta profesora expresa digna y abiertamente una práctica común entre el profesorado de la pública respecto a la escolarización de sus hijos, sobre todo si por razones de residencia el centro público correspondiente no fuera agraciado como lo son los colegios públicos bien situados en zonas residenciales o barrios clase media que propician ya de entrada una sutil forma de selección socio-económica de alumnado.
No es solamente el disciplinado ejercicio del profesor privado bajo un proyecto educativo común (aunque no fuera compartido) liderado por la dirección del centro lo que es relevante en este tipo de colegios privados, mayoritariamente concertados, lo más destacable dentro de lo meritorio, sino que debe destacarse que bajo múltiples fórmulas selectivas de alumnado, declaradas unas y subrepticias otras, se produce una deriva de alumnado problemático severo hacia los centros públicos que en última instancia los acogen. Esto produce no una resolución de problemas por mayor competencia y capacidad, sino una derivación de problemas equivalente a una negativa para asumir este tipo de educación especial que tanto conocemos los profesores del sector educativo público.
Por lo tanto la opción por este tipo de centros privados no es precisamente por su mayor capacidad formativa y educativa en general sino por su NO afrontar dificultades docentes notables derivadas o delegadas en centros públicos que lo son realmente de todos. Lo infumable de esto, que en la privada real (minoritaria y selecta) es oficial y asumido, es que en proporción considerable se da bajo financiación pública a través del sistema de conciertos, incluso entre centros públicos que bajo la marca de zona o proyectos singulares practican semejantes fórmulas de selección de alumnado muy próximas a la simple y burda exclusión.

Comparto lo dicho por el anterior compañero. Si el cole público que te toca no es de tu agrado, te vas un poco más allá. Con todos los respetos, cuando están los hijos de por medio, sale lo que llevamos dentro. Ej: nunca me he planteado hacerlo daño a nadie, pero si mis hijos estuvieran en peligro…
En fin, en Madrid es una batalla perdida. Los padres quieren ver que los que salen por la puerta del cole de sus hijos son como sus hijos…

Entiendo las dos posturas. Por una parte hay que exigir coherencia, ya que si nosotros mismos sacamos a los hijos de los colegios públicos por considerarlos peores, vamos bien para des`pués reivindicarlos. Por otra, entiendo que muchos docentes crean (incorrectamente) que hacen lo mejor para sus hijos y que igual que si tú trabajas de asistente social tampoco dejarás que coman en un comedor de sin techos, pues apliquen el mismo argumentario para la elección de centro

No sé cuál es la mejor solución para todo esto, pero tengo claro que si se obligase por ley a que TODOS los funcionarios públicos utilizasen TODOS los servicios públicos, otro gallo nos cantaría. Desde luego, si ministros, alcaldes, jueces, médicos, fiscales, profesores y otros servidores públicos llevasen a sus hijos obligatoriamente a la Escuela Pública, tengo muy claro que no pasaría lo que está pasando.
Un saludo.

Muy interesante tu reflexión, Javier, que nos podría llevar hasta el punto de afirmar que la selección del alumnado de la que hablas se produce, además, dentro de un mismo centro. La formación de los grupos de alumnos no es casual y no siempre obedece a intereses de éxito escolar del propio alumno.
Camilo, que son como sus hijos, o como a ellos les gustaría que fueran sus hijos. Triste, pero me temo que verdadero.
Eduideas, doy por sentado que cada cual puede hacer lo que considere oportuno, pero me quedo con tu primera reflexión, con qué cara reivindico la escuela pública, en la que trabajo, si yo soy el primero en elegir la privada para los míos.
Toni, te propongo ya mismo para sustituir a Wert, pero vete preparando para recibir leches de todos los colores y por todas partes. Seguro que no podríamos llegar tan lejos, pero sí que sería exigible, al menos, un poquito de coherencia entre quienes trabajamos en esto.

Ciertamente Juan Pedro, he conocido prácticas selectivas de alumnado dentro de un mismo centro y al amparo de lo que he citado como “proyectos singulares”. Son muy de destacar los lingüísticos; bilingüismos, trilingüismos y otros “ismos” suelen utilizarse en este sentido con sutileza unas veces y zafiamente otras, sobre todo cuando median idearios políticos que, en honor a la verdad, ganan elecciones allá, acá y “acuyᔡ¡¡

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