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Entonces, ya será tarde

Posted on: 11 febrero 2013

Dentro de algunos años, cuando todos hayamos asumido que la escuela no puede ser como habíamos soñado que fuera, alguien realizará un estudio sobre la educación en España. Gráficos de mil formas diferentes y llamativos colores mostrarán la evolución en el tiempo de variables como la de alumnos escolarizados, matriculación por centros, fracaso escolar, abandono temprano, o cualquier otra que interese.

Es posible que, para entonces, este estudio no preocupe a nadie y los datos que se extraigan del mismo tengan solo un valor estadístico, sin consecuencia práctica alguna; a fin de cuentas, las variables que analizará habrán perdido todo su significado y conceptos como educación integral, formación en valores, igualdad de oportunidades, compensación de desigualdades, atención a la diversidad, o cambio social habrán quedado obsoletos.manifa--647x231La escuela perseguirá objetivos diferentes a los que supuestamente persigue ahora y los alumnos accederán a la educación convencidos de que no les servirá para cambiar una realidad a la que están predestinados. Los profesores, liberados del compromiso educativo que en otra época tuvieron, realizarán el trabajo sucio,  certificarán éxitos y fracasos del alumnado en función de su nivel de sumisión al sistema, enseñarán técnicas de aceptación del rol social que a cada cual corresponda, ayudarán a desarrollar habilidades de contención de las emociones y prepararán autómatas que acepten resignados la inutilidad de la crítica o el intento de transformación del modelo que les oprime y les niega su condición de persona.

La escuela pública ya no será una institución generadora de esperanza, ilusión y cambio,  cuya pérdida todos lamentaremos, sino una fábrica de esclavos insatisfechos que soporten, obedientes, el papel que el capital les asigne. Es posible que al sector menos anestesiado de una sociedad en ruinas todavía le quede algo de dignidad y se sienta avergonzada por no haber actuado a tiempo, para evitar el desastre. Pero, entonces, será tarde.

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8 comentarios to "Entonces, ya será tarde"

Es curioso examinar los “por supuestos” de los que parte el lamento. El principal, que hay que cambiar la sociedad, que sabes cómo, y que lo puedes dirigir de arriba a abajo. Y además que puedes utilizar a la chavalería para conseguirlo. Ahormándola.

También es curioso que no te plantees la posibilidad de que otro esquema pueda ser válido, incluso tal vez mejor. Por ejemplo mostrando la ventaja de la forma sobre el “valor”. Señalando que los grandes logros de la nuestra civilización (es la nuestra aunque la odiemos) consisten en pivotar sobre la forma. La filosofía, el derecho, la ciencia, y la democracia, no son más que formas. No prejuzgan el resultado; solo indican las formas válidas para llegar a él. ¿Y si en Europa no somos capaces de haberlo comprendido, después de haberlo visto funcionar durante 2.500 años, quién se va a dar cuenta?

Bueno, tal vez no nos guste Europa, ni la cultura occidental. Somos liberales, y aceptamos propuestas. Pero lo menos que podemos pedir es el ejemplo de aquello a lo que conduce el lamento.

a fin de cuentas, las variables que analizará habrán perdido todo su significado y conceptos como educación integral, formación en valores, igualdad de oportunidades, compensación de desigualdades, atención a la diversidad, o cambio social habrán quedado obsoletos.

¿Y quien dice que esos conceptos no nacieron obsoletos? ¿Se puede saber para qué sirve ninguno de ellos a la hora de dotar a un chaval de las herramientas que necesita para sobrevivir? ¡Ah!, que eso es ser esclavo, claro. Valerse por si mismo porque sabes hacer algo por lo que otro quiere pagarte, es ser esclavo. O ser capaz de montar una empresa que proporciona algo a otros, que están muy contentos de pagar por ello, es ser esclavo. Pero depender de que papá estado te arregle la vida porque tienes los “valores” adecuados, eso no es ser esclavo.

Todos esos prodigiosos conceptos tan modernos se refieren al ser. Al ser individual y al ser colectivo. Son, estrictamente, ontología. Lo que no se entiende es de dónde sale la especie de que se puede vivir de la ontología; de ser, en lugar de hacer. Puede ocurrir que yo no haya entendido cómo funciona el mundo. O puede ocurrir que con todos esos conceptos prodigio, solo hayamos conseguido engañar a una o dos generaciones sobre cómo funciona el mundo. Y que por eso no estén preparados. Eso sí, deben de estar llenos de esperanza, ilusión, y cambio. El problema es que muy pocos de ellos se van a poder dedicar a vender esperanza, etc, y se van a frustrar. Ya es lo que ocurre.

Me encanta lo de “sumisión al sistema”. Entiendo que aprender a hacer algo por lo que la gente (el sistema) quiera pagar, es someterse al sistema. No lo discuto. Y siempre se puede poner uno rebelde, no pasar por el aro, y cambiar el sistema. Cambiarlo por otro sistema, supongo. ¿Y como sabemos que va a funcionar? Porque si no funciona, o el chaval no lo puede cambiar, o resulta ser peor, yo diría que le has hecho un regalo acojonante. Pero todas esas posibilidades están en la definición de experimento.

En resumen. Podemos concebir una educación que trate de explicar cómo funciona el mundo, y de dotar de las herramientas necesarias para circular por él lo mejor posible. O podemos usar la educación para cambiar el mundo utilizando a los chavales, hacia lo que quiera que hayamos imaginado que es el ideal, sin siquiera saber si funciona. Unos pensarán que el ideal es ser muy vasco, otros que muy diversidad, lo que sea. Siempre el ser.

Si hay que hablar de desastre, yo le llamaría desastre a la segunda. Lo sorprendente es que haya gente que todavía no lo ve, como si hicieran falta más pruebas. Y sí, es cierto; probablemente ya sea tarde.

Muy interesante reflexión, plazaeme, con la que coincido en algún punto, pero de la que discrepo abiertamente en otros.
Es cierto, creo que hay que cambiar la sociedad y considero que deben ser las personas quienes promuevan ese cambio. En este proceso, los alumnos adquieren un protagonismo extraordinario, en mi opinión, porque habitan un mundo que otros han construido para ellos, pero sin pensar en ellos, y porque serán ellos quienes en un futuro cercano (en algunos casos, ya mismo) rediseñen el modelo que pretendemos legarles, con el que no parece que estén muy de acuerdo.
La educación, que no es solo tarea de la escuela, no puede limitarse a explicarles cómo funciona el mundo y dotarles de las herramientas necesarias para circular por él lo mejor posible, como tú señalas, creo que si así lo hiciéramos, estaríamos engañándoles.
El mundo se mueve, cambia, nada se parece la sociedad en la que ahora vivo a la que viví cuando tenía diez años, y mucho menos a la que mis alumnos vivirán dentro de veinte años más. Las herramientas que entonces me facilitaron para circular por aquel mundo de mi infancia y adolescencia no siempre me han servido para enfrentar los retos de mi mundo de adulto. Probablemente, las herramientas que podamos facilitar ahora a nuestros hijos-alumnos, para que se defiendan en este mundo que conocemos, tampoco les servirán como desearíamos en un mundo futuro que desconocemos cómo será. Y, en cualquier caso, siendo muy importante la herramienta, todavía lo es más la manera como la utilizamos.
Hablas, por ejemplo, de la democracia como forma y la contrapones al concepto de “valor”. ¿Para qué sirve la democracia sin valores? ¿Consideras una democracia lo que vivimos en España? ¿Te parece democrático que se robe a los ciudadanos y no pase nada, que se les engañe y no pase nada, que se gobierne en favor de una minoría, en contra de una mayoría, y no pase nada? ¿Te parece democrático que alguien pida el voto para aplicar un programa, que luego aplique el contrario y siga en el gobierno, como si nada? ¿Tendrá todo esto algo que ver con la ausencia de valores en las personas que se han apropiado de la democracia, porque solo pretenden mantener la forma? La democracia no soluciona problemas, ni construye modelos sociales, somos los ciudadanos quienes lo hacemos, reivindicando y conformando el sistema a través de nuestra participación activa en el mismo. Los valores que esos ciudadanos posean harán que una democracia sea diferente a otra, que sea real, o no. Los valores nos permiten no solo no ser esclavos, sino algo más importante, evitar que otros lo sean. Y eso es también educación.
Nuestra concepción de educación parece ser muy diferente; tal como la entiendo y no siempre consigo llevar a la práctica, para ser honesto, no se trata de utilizar a los alumnos para nada, sino de que sean ellos quienes se sirvan de la educación para alcanzar los objetivos que se hayan propuesto. No es fácil lograr esto con un sistema educativo como el que tenemos, una administración que, por las medidas que adopta, parece no tomarse en serio el asunto, un modelo social que resulta muy poco ejemplarizante y unas condiciones familiares que, probablemente como consecuencia de lo anterior, no facilitan que los padres asuman todas sus responsabilidades al respecto.
No sé cómo hacerlo, por eso escribo este blog, para que alguien como tú cuestione mis ideas y haga que me las replantee. Estoy seguro de que lo que pretendo no es ideal, pero creo sinceramente que puede ser mejor que lo que tenemos, que no parece que sea algo de lo que podamos sentirnos muy orgullosos. Y no creo que mi intento por encontrar otras vías distintas a las que ahora seguimos en educación, que claramente no están dando resultado, pueda considerarse como un “experimento”, en el sentido peyorativo que parece que lo planteas, sino como el deseo de hallar respuestas a preguntas que me mantienen vivo en mi profesión, aunque no sé por cuánto tiempo más, sinceramente. Porque creo que ya es tarde.

[…]  https://iessecundaria.wordpress.com/2013/02/11/entonces-ya-sera-tarde/ […]

Gracias, Juan Pedro.

Creo que “democracia” es una de las palabras más resbaladizas de las que usamos con frecuencia. Por multisémica. Quiere decir cosas muy distintas para diferentes personas. Para mi no tiene nada que ver con el robo o no robo. Eso es una cuestión del estado de derecho, que no siempre es una democracia. Wikipedia (por tirar de lo fácil) está de acuerdo con mi visión:

Democracia es una forma de organización social que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la sociedad. En sentido estricto, la democracia es una forma de organización del Estado en la cual las decisiones colectivas son adoptadas por el pueblo mediante mecanismos de participación directa o indirecta que confieren legitimidad a sus representantes. En sentido amplio, democracia es una forma de convivencia social en la que los miembros son libres e iguales y las relaciones sociales se establecen de acuerdo a mecanismos contractuales.

Ninguna mención al no-robo. Ni a valor alguno. Según cualquiera de los tratados de política convencionales, USA es el mejor ejemplo de democracia. Y apuesto a que la consideras una no-democracia, especialmente si gobierna el cenutrio de Bush. Por eso de los valores. Pero las definiciones de democracia convencionales no dicen nada de eso. Multisemia.

Probablemente estamos hablando de cosas diferentes. Y en mi concepción (profana) de una buena educación, se trata de explicarle eso al educando. Que democracia significa cosas diferentes para distintas personas, lo que hace complicada la discusión. Y en vez de meterle mi idea de democracia, le propondría que si habla con alguien sobre democracia, empiecen por definirla, para asegurar que hablan de la misma cosa. Mi idea de formas, y no valores.

Ahora, ¿me gusta la democracia española? No; me espanta. El problema es que mi solución sea posiblemente contraria a la tuya, y es difícil ponerse de acuerdo. La que menos me disgusta es la USA, pero en realidad creo más en dejar que la gente se auto-organice en lo posible. Los fenómenos emergentes pueden dar mucho juego, y al poder (a los abusones) no le gustan nada.

http://es.wikipedia.org/wiki/Netocracia

Vayamos al grano. Claro que las herramientas se quedan obsoletas. ¿Y acaso los valores no? Cuando yo era niño le quitábamos la piel a las ranas … vivas. Ahora lloramos con las películas de Bambi. Fíjate qué cambio. Pero las herramientas en un momento dado son universales, y los valores, salvo muy muy pocos, no. Y hoy supongo que hay que enseñar a hacerse sus propias herramientas, partiendo de una buena base. Saber pensar parece fundamental

El problema de los valores.

Mi esquema, y no lo veo enseñar en ningún sitio, me parece obvio. Y a ti no te parece mal, si no hubieras borrado mis comentarios. Eso quiere decir que sí crees en las formas. Sabemos que funcionan. Sabemos que sirven para pensar, para aumentar el conocimiento y para hacer una sociedad que ha mejorado con creces la de los frailes medievales. Luego el primer deber de la educación sería explicar (con los ejemplos) que las formas son sagradas. Que puedes tener los valores más bellos e inteligentes que se pueda imaginar, que esos valores no tienen permiso para saltarse las formas. Ni ninguno. Ahí empezamos a “civilizar” los valores. Y una vez civilizados, adelante, enseñemos todos los valores que se quiera. Aunque sería deseable que tras ti venga un compañero con valores algo diferentes. O mucho diferentes. Porque eso es lo que van a encontrar en la vida. Conflictos de valores. Pueden aprender a digerirlos, y acaso comprenderlos. Pueden usar datos en lugar de prejuicios. O bien pueden quedarse con un bonito cuento de buenos y malos. Niños eternos. Para mi, esas son las opciones que hay con los valores.

En España veo un problema muy grave. No solo en España, pero aquí se nota más porque somos muy incultos. Como decía Umbral, hemos pasado del analfabetismo a la telebasura, sin rozar la cultura. Es el problema que llamo de la ontología. Al parecer, todo es cuestión de “ser”. Vales lo que “eres”. Me da igual qué. Progre, conservador, catalán, revolucionario, meapilas, lesbiana, lo que sea. Y a base de ser (lo que sea que toque), a nadie le importa lo que se hace, y las consecuencias de lo que se hace. Nadie admira el buen hacer, sino el buen “ser”. Y esa es la receta perfecta para acabar fabricando manadas y manadas de borregos inútiles.

En fin, te agradezco mucho el espacio y que compartas tus pensamientos. Partimos de presupuestos contrarios, creo, pero de ningún modo somos contrarios. Y el que sabes de educación eres tú. Yo me limito a no estar de acuerdo con algunas cosas.

Slds. Y gracias. Y perdón por la lata.

Así es, plazaeme, creo que el modelo USA de democracia es manifiestamente mejorable, como el Español; en realidad, no encuentro país alguno con una organización social y política digna de considerarse democrática, aunque formalmente lo sea. En mi opinión, el problema no es la forma, ni el hecho de que se tengan concepciones distintas respecto a la misma, sino el sistema de valores de quienes dan forma a esa forma. Depende de cuáles sean estos, el modelo se aproximará más o menos al ideal teórico que pudiera satisfacer a los verdaderos protagonistas del sistema, que no son quienes lo “dirigen”. No será la misma democracia la que promuevan personas con un elevado sentido de la justicia, la igualdad, la solidaridad, el respeto y defensa del medio ambiente, y otras “moñadas” por el estilo, como algunos las definirán, que la que impulsarán quienes pasen de estas cuestiones.
Vuelves a contraponer dos conceptos, “ser” y “hacer”, que considero complementarios e íntimamente relacionados. Según “seamos”, “haremos”. La educación no debería primar uno de estos conceptos sobre el otro, ya que ambos contribuyen a la formación integral del alumno. En palabras de José Luis Castillejo Brull, son tres los criterios educativos que deberían considerarse:
– El dominio del saber, o conocimiento
– El saber ser, o actitud (valores)
– El saber hacer, o procedimiento (habilidades)
Jacques Delors, todavía afina más y habla de cuatro tipos diferentes de aprendizaje: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a vivir juntos y aprender a ser.
Como ves, existe una vía de integración entre la teoría, la práctica, los conocimientos, las habilidades, el saber y el hacer, en definitiva. No se trata de opciones excluyentes.
Gracias por discrepar como lo haces. Un saludo.

Me gusta. Según bajamos al charco, arremangados, se pone más interesante. Pero hace falta bajar aun un poco más. No encuentras ningún país con una organización ¿social? digna de llamarse democrática. Si lo entiendo -que no estoy seguro- dices que haría falta que el sistema de valores (de la democracia) se acercara al ideal teórico que pudiera satisfacer a los “verdaderos protagonistas” del sistema. Que no son los que lo dirigen, pero que tampoco señalas con mayor precisión. Yo diría que con esa explicación nadie puede saber qué o cuándo es una democracia. Imposible.

– ¿Cuál es el “ideal teórico”, y de dónde ha salido?
– ¿Solo hay un ideal teórico que “pudiera satisfacer”, o hay más?
– ¿Si hay más, cómo sabemos cuál es mejor?
– ¿Quien son exactamente “los verdaderos protagonistas”, aparte de no ser los que mandan?
– ¿Cómo se mide la satisfacción de los verdaderos protagonistas?
– ¿Son todos lo que no mandan, o hay unos protagonistas más verdaderos que otros?
– ¿Dónde está la frontera de “no mandar”?
– ¿Los que entran dentro del grupo “los que mandan” (no sabemos el tamaño que tiene) no tienen consideración a la hora de que el ideal teórico les pudiera satisfacer? ¿Son, por tanto, apestados?

No sé si te das cuenta, pero el esquema se parece mucho al esquema habitual de cualquier totalitarismo autoritario. Dado que puedes definir según te convenga lo del “ideal teórico”, los “verdaderos protagonistas”, su satisfacción, y los excluidos; puedes hacer literalmente lo que quieras, y sin contar con nadie.

Y lo que es peor. Sobre tu idea de la democracia, todo lo que sabemos es algo como: Democracia es lo que yo te diga, pero cuando te lo diga – porque todavía no lo he hecho. Ah, y sabemos que nunca se va a poder medir.

Te voy a poner otra metáfora. Queremos jugar un partido de un deporte que vamos a aprender, y que llaman “football”. ¿Tú crees que nos van a enseñar una serie de formas? No sé, del tipo de: -para que sea “football”, tienes que darle con el pie a la pelota, y no a las pelotas (ni a ninguna otra parte del cuerpo) del jugador contrario. Porque eso no sería “football”, sino una disputa física entre delincuentes juveniles. De donde definimos “football” ¿O crees que nos van a enseñar una serie de “valores” (que aun no has descrito)? ¿Y crees que la definición de “football” podría depender del sistema de valores, por ejemplo, de Guardiola o Mouriño? ¿Algo como: lo de Mouriño no es “football” y lo de Guardiola es su ideal teórico?

Se me ha acabado el café. Espero haber podido explicar los problemas que tengo con tu indefinición de democracia. Con lo que has puesto hasta el momento sobre la mesa, no me parece un concepto operativo. No se puede hacer nada con él; salvo decirle a la gente lo que tiene que pensar y sentir (lo que han de ser sus valores), de forma arbitraria.

Luego sigo con la ontología.

Slds.

Otro cafelito, para lo de la ontología.

Están muy bien las citas (de autoridades, supongo) que traes. No les pongo pega. Ni se la había puesto. Todo depende del equilibrio. Recuerda:

Luego el primer deber de la educación sería explicar (con los ejemplos) que las formas son sagradas. Que puedes tener los valores más bellos e inteligentes que se pueda imaginar, que esos valores no tienen permiso para saltarse las formas. Ni ninguno. Ahí empezamos a “civilizar” los valores. Y una vez civilizados, adelante, enseñemos todos los valores que se quiera.

No sé si en tus citas el orden es aleatorio o a propósito. Pero en ambos casos el conocimiento viene primero.

No tango nada en principio contra los valores, en general. Aunque sí puedo tener mucho contra algunos valores o sistemas de valores concretos. Sé que los valores son consustanciales a cualquier sociedad. Forman parte de su argamasa. Algunos le dan forma a su estructura. Algunos son bastante universales. Otros son más pintorescos. Y no pocos son perfectamente arbitrarios.

A las formas también les pasa, hasta cierto punto. No escuchar la versión de una parte, sin contradicción, es universal. Poner el vaso de agua a la derecha y el de vino a la izquierda es arbitrario.

El problema es que “valores” universales y absolutos hay muy pocos, y formas de esas características las hay a patadas. Por ejemplo, los datos pueden cambiar la teoría, pero al revés no. La teoría puede cambiar las preguntas, y nuevas preguntas pueden traer nuevos datos. Pero ninguna teoría puede cambiar un dato. Verboten. Absoluto. Y en mi opinión estamos perdiendo esta perspectiva, en buena medida por culpa de una educación que considero aberrante. Pero no lo ha inventado la educación, por supuesto. Solo refleja el “ambiente”.

Y esto está muy relacionado con lo que he visto en esta entrada.

Datos:
alguien realizará un estudio sobre la educación en España. Gráficos de mil formas diferentes y llamativos colores mostrarán la evolución en el tiempo de variables como la de alumnos escolarizados, matriculación por centros, fracaso escolar, abandono temprano, o cualquier otra que interese.

Teorías:
conceptos como educación integral, formación en valores, igualdad de oportunidades, compensación de desigualdades, atención a la diversidad, o cambio social habrán quedado obsoletos.

Lo que veo -y tal vez me equivoco- es algo que veo por doquier. La teoría despreciando los datos. Para mi, el mundo al revés. Y eso es algo, creo, que debe hacer saltar todas las alarmas de cualquier pensamiento crítico.

Se acabó el café.

Vamos a ver si me puedo explicar con un ejemplo.

Teoría (en trazo muy grueso). Los seres humanos somos iguales. Y cuando no nos mostramos iguales es porque hay alguna causa externa que nos ha hecho desiguales. Luego hay que imponer desde fuera una re-igualación que corrija la injusticia causada desde fuera. Supongo que es lo que quieres decir cuando hablas de “compensación de desigualdades”.

La misma teoría funciona para grupos. Todos los grupos humanos son iguales, y por tanto deberían de obtener los mismos resultados. Cada grupo debería tener los mismos conserjes y altos ejecutivos, etc. Sí en realidad no ocurre, debe ser por alguna discrimminación, por tanto injusticia, que debemos de corregir con una discriminación positiva.

Hasta lo aplicamos a las lenguas, y hablamos de “derechos lingüsíticos”, etc.

La teoría parte de un “valor”, obviamente. La igualdad es “buena”; la desigualdad es “injusta”. Son valores arbitrarios, gratuitos, pero como los tenemos muy interiorizados, no lo vemos.

Ante esto podemos tomar diferentes actitudes.

1) Ni me lo creo ni no me lo creo. Me da igual; la sociedad en la que vivo funciona con ese paradigma, y me conviene tenerlo en cuenta para saber las reacciones que puedo esperar.

Esta actitud no alcanza un gran conocimiento, pero es funcional, práctica.

2) Me lo creo, me suliveya, y si veo que en algún aspecto la realidad contradice la teoría, haré todo lo posible por corregir a realidad.

Te puede ir bien si eres un líder social, porque vas a favor de corriente. Si eres un pringado te van a caer más golpes (contra la realidad) que a una estera.

3) Me pregunto, ¿y donde están los datos que soportan a la teoría? No hay; más bien empieza a haber datos en sentido contrario, a pesar de que no son los datos que se buscan. Luego la teoría es un cuento chino.Puede ser bonita, puede ser “deseable”, pero es un cuento. Como no puedo cambiar el paradigma de la sociedad, al menos conviene fijarse en sus consecuencias más dañinas, para tratar de paliarlas en lo posible.

Valoración:

1) Es listo y amoral.

2) Es peligroso, aunque parezca muy “moral”.

3) Es inteligente, y puede hacer bien a los demás.

¿Y en la educación?

– Si fomentas (1), haces un favor a los educandos. Les irá bien en la vida.

– Si fomentas (2), te irá bien a ti, y aumentas las posibilidades de daño a la gente.

– Si fomentas (3), para los que tienen la capacidad de entenderlo -y no son muchos-, estás facilitando una sociedad con más sabios y prudentes. Pero arriesgas tu posición, por remar a la contra.

Acabando. La sociedad necesita cuentos. Lo podemos deducir del hecho de que no conocemos ninguna sociedad sin cuentos. Pero los cuentos, que se basan invariablemente en premisas absurdas, pueden producir aberraciones con gran facilidad. Y por supuesto facilitan el imperio de los abusones, que suelen ser los que eligen el cuento y le sacan partido. Lo razonable parece una sociedad con los suficientes “sabios” y conocimiento, y las suficientes formalidades como para frenar el peligro del cuento con el que circula (el que sea).

Corolario. La estrategia del abusón (el poder) será fomentar el cuento, y disminuir los frenos al cuento. Por ejemplo, burocratizando la ciencia (con consenso) y la educación (con igualdad), y relativizando las formas (con valores).

Por cierto, hay una línea de pensamiento que puede tener su interés. Distintas estructuras sociales podrían facilitar distintos tipos de cuento. A priori es razonable. ¿Podemos averiguar qué tipo de cuentos facilitarán nuestras actuales democracias? ¿Podemos mirar si los cuentos que presumimos a priori que van a ser favorecidos, coinciden con los cuentos que observamos en la realidad? Y alguna lectura a Ortega puede hacer que empieces a mosquearte. Porque cuando las teorías empiezan a producir resultados verificados es cuando sí hay que empezar a hacerles algún caso. Porsi.

Ese sería mi resumen.

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