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¿He puesto a Mahmoud en su lugar?

Posted on: 23 enero 2013

Mahmoud pasa de instituto, su interés por el trabajo del aula es mínimo y su aversión hacia el sistema educativo, máxima. Es uno de esos alumnos que todos conocemos, no se adapta al ritmo de la clase, ni quiere ajustarse a cualquier otro ritmo que se le proponga, le cuesta cumplir las normas y se empeña en manifestar su rechazo hacia todo y hacia todos de manera casi constante y llamativa. tonucci-1[1]

Hoy, después de pedirle que se calmara y nos permitiera trabajar, tantas veces como he sido capaz de hacerlo sin perder los nervios, después de tolerar que se levantara en varias ocasiones, para dar un paseo por el aula y cambiar de lugar las mochilas de sus compañeros, sin que estos se dieran cuenta, le he puesto un parte y le he pedido que saliera del aula. La gota que ha colmado el vaso ha sido verlo sentado en la mesa, jugueteando con los pies en el aire, cuando ha vuelto a su sitio, tras el último paseo. ¿Se imaginan la escena, verdad?

Estoy convencido de que algunos pensarán que he aguantado demasiado y, honestamente, así lo creo yo también. Sin embargo, Mahmoud, como otros alumnos con su mismo perfil, consiguen algo que no sé si calificar de insólito o, simplemente, estúpido: una vez adoptada la medida sancionadora, en lugar de tranquilizarme, pensar que “ya he resuelto el problema” y continuar con normalidad la clase, me quedo anímicamente tocado y no dejo de pensar que vivo una contradicción insoportable.

Es cierto que los alumnos de la clase de Mahmoud tienen derecho a trabajar la asignatura en las mejores condiciones, a que nadie les impida aprender, ¿pero no es también cierto que Mahmoud tiene el mismo derecho que el resto a que se le enseñe lo que desconoce, en su caso, a convivir?, ¿o es que enseñar a convivir no forma parte de mi tarea docente?

No tengo tiempo para él. Me quedo con los demás, explicándoles lo que no entienden, hasta que lo aprenden. A él, que tiene más dificultades y carencias, le expulso del aula.

John Taylor Gatto, en su “Historia secreta del sistema educativo”, afirma: “Nuestro problema para la comprensión de la escolarización obligatoria tiene su origen en un hecho inoportuno: el de que el daño que hace desde una perspectiva humana es un bien desde una perspectiva del sistema”. 

¿Estamos arrojando a la basura los eslabones defectuosos de la cadena que hace funcionar el sistema social, que la educación se empeña en reproducir, y ocupándonos solo de los considerados “válidos” para la pervivencia del mismo? Si es así, hoy he puesto a Mahmoud en su lugar.

(El dibujo pertenece a Francesco Tonucci (Frato): “La máquina de la escuela”)

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9 comentarios to "¿He puesto a Mahmoud en su lugar?"

Conozco la situación. Algún día repartiremos “derechos para todxs”. De momento hay que esperar.

He encontrado muy interesante la lectura del Nº2 del mes dediciembre de la revista “CONVIVES”.
https://www.google.es/search?client=ubuntu&channel=fs&q=N+2+REVISTA+CONVIVES&ie=utf-8&oe=utf-8&redir_esc=&ei=218AUa6AJ8u10QXixYHYDA

Pero, mientras esperamos, Yolanda, muchísimos alumnos están siendo abandonados a su suerte. La situación me parece dramática, como sé que te lo parece también a ti, y no veo que las propuestas de los legisladores, ni las intenciones de la administración, vayan en la dirección adecuada para evitarla. Por otra parte, las buenas iniciativas de muchísimos profesores, encaminadas a paliar el problema, son contrarrestadas por las torpes decisiones que toman los administradores educativos, preocupados solo por ahorrar a costa de lo que sea.
“CONVIVES”, genial.

Convivir es vivir-con. La expulsión de un alumno es el intento de dejar de vivir con los que no piensan igual, esos son los que molestan. El sistema educativo (no el profesorado, que también) pretende que todo el mundo, la mayoría piense de la misma manera, por eso los ministros y gobiernos “educantes” piensan en la rentabilidad más que en la convivencia.

El problema tiene tres partes:

1/ El profesor no dispone de tiempo y recursos para tratar el problema con el alumno de manera individualizada

2/ Desconocemos demasiado acerca del comportamiento humano, y como mejorarlo, y el estado no está invirtiendo lo suficiente en hacerlo. Debería de haber especialistas que pudiesen ir por los colegios tratando este problema al tiempo que aprenden posibles soluciones. Psicólogos que se sentasen con el niño y tratasen de entenderlo

3/ Faltaría también atención a la familia, raíz frecuente del problema. Otro equipo podría dedicarse a visitar a los padres, haciendo hincapié en aquellos casos mas preocupantes y viendo que puede aportar el estado para ayudar a mejorar la situación.

Ésa es la idea del artículo, Plácido, y el temor que manifiesto; al final, ¿se trata solo de cumplir con el papel real que socialmente parece que tenemos asignado? Como apuntaban los alumnos de la antigua escuela Barbiana, hemos convertido nuestras escuelas e institutos en los lugares que alguien pretendía que fueran, centros de selección, que no educativos, en los que, como si se tratara de un hospital contrario a la razón, admitimos a los “sanos” y rechazamos a los “enfermos”.

Estoy de acuerdo con tu análisis, Jaime, por eso andamos los profesores tan “revueltos” últimamente. Si se pretende que cumplamos con la tarea que se dice que tenemos asignada, educar y formar de manera integral personas preparadas para vivir en sociedad y todas esas cosas, y no se trata solo de transmitir conocimientos sobre una materia, nuestra labor se extiende un punto más allá del espacio del aula e implica actividades distintas a la mera exposición de un tema, o la corrección de unos ejercicios. Para eso, hace falta tiempo y preparación. Tiempo para hablar con los alumnos al margen de las pocas horas semanales asignadas a cada asignatura, tiempo para tutorías, tiempo para coordinar actuaciones con las familias, y una buena formación inicial y continua del profesorado, distinta a la que ahora se nos ofrece.

Hola Pedro,
te comprendo muy bien porque tuve un “Mahmoud” hace algunos años y aún lo recuerdo perfectamente, a pesar del paso del tiempo. No es insólito ni estúpido que te hayas quedado “anímicamente tocado”.
Algunos pedagogos sostienen que nos faltó un llamado de atención a tiempo para evitar males posteriores, para evitar que su conducta fuera “in crescendo”. Pero me temo que ese no es el caso de “Mahmoud”. Ni siquiera pienso que podrías cambiar sustancialmente algo si hablaras con él en horario extraescolar.
Mahmoud es de aquellos niños, jóvenes, que necesitan la atención de
un equipo multidisciplinar (pedagogo, educador social, psicólogo) ya que su rebeldía, su comportamiento todo, así como lo describes,
es un claro pedido de ayuda, está pidiendo a gritos que alguien le de una mano, que va mucho más allá de aprender una lección o estarse quieto en clase.
Necesitamos que el estado invierta dinero en profesionales que estén preparados para resolver problemas emocionales y sociales graves.
Necesitamos que se invierta dinero en formar al profesorado para aprender a gestionar los problemas disruptivos, que cada día son más frecuentes.
CONVIVES, genial
Un abrazo,

Qué oportuno tu comentario, Erika, y qué bien refleja lo mucho que conoces el tema. Esta mañana hablaba en el patio con Mahmoud, sobre el conflicto que comento en el artículo. Para mi sorpresa, me ha asegurado que entendía mi reacción y me ha tratado de explicar el motivo por el que ese día en concreto actuó como lo hizo. No es que me quede más tranquilo, pero créeme, ha sido probablemente el momento más gratificante de toda la jornada.
Suscribo tu apuesta por una mayor inversión en educación y por la reforma de los planes de formación del profesorado, tanto inicial como continua, pero me temo que, tal como están las cosas, tendremos que sobrevivir como podamos. Y no siempre podemos hacerlo en las mejores condiciones, el trabajo en el aula resulta cada día más complicado.
Un abrazo.

Pedro, cómo me alegra que hayas hablado con él y que ese momento haya sido gratificante para tí, y seguramente también para Mahmoud. Me emociono cuando me doy cuenta que hay profesores como tú que se implican y que se preocupan por sus alumnos, más allá de sus rendimientos académicos. Estuve pensando estos días en mi equivocación al decir que una conversación con Mahmoud no traería resultado alguno. Siempre, siempre un acercamiento a un alumno, independientemente de que evolucione (poco probable) su conducta habitual en clase, es algo positivo para él. Más allá de su problemática personal, familiar, social, él habrá sentido que tú le importas, le ofreciste parte de tu tiempo y eso lo valorará, claro que sí.
Mañana es un día muy importante para el gremio, hay que salir y manifestarse, la voz nunca debe callarse!
Un abrazo.

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