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La normalidad está en lo diverso

Posted on: 17 octubre 2011

Candela es una profesora sorda que, con mucho esfuerzo, imagino, aprendió a hablar, y lo hace muy bien. Lee los labios así que, para comunicarte con ella, has de mirarle a la cara. Confieso que me sorprendí bastante cuando conocí su caso, y me pregunté cómo se las arreglaría para llevar determinadas clases. La respuesta me llegó hace unos días. En la sala de guardias había una nota suya en la que pedía que algún compañero le echara una mano para atender un examen.

Entre el grupo de alumnos distinguí a algunos que no se caracterizan por facilitar, habitualmente, el normal desarrollo de las clases. Ésta fue mi primera sorpresa, la actitud que observaban tenía poco que ver con aquella a la que nos tienen acostumbrados en otras asignaturas. Pedían la palabra levantando la mano y esperaban a ser atendidos hasta que llegaba su turno, que previamente la profesora había establecido, numerándolos según el orden en que lo habían solicitado. Sabían que era inútil que se dirigieran a ella mientras atendía a otro compañero, cuando no les miraba, por lo que evitaban hablar hasta que no les correspondía hacerlo.

Hubo algo más que me llamó la atención, comprobar que la profesora había preparado hasta tres modelos distintos del mismo examen, que repartió entre el alumnado, de acuerdo a su nivel de conocimientos y trabajo previo realizado en clase por cada uno de ellos.

Conceptos como los de autoridad, respeto, cumplimiento de normas, relación profesor-alumno, grupo clase, o el más ampuloso de proceso de enseñanza-aprendizaje, parecían adquirir en este espacio una nueva dimensión.

Es posible que a muchos de vosotros os parezca normal todo esto; de hecho, creo que todos consideramos razonable que los alumnos respeten el turno de palabra, no interrumpan a los compañeros ni al profesor y mantengan una actitud de respeto y trabajo en el aula. Así mismo, nadie pondrá en cuestión que los profesores atienden a cada alumno según sus necesidades, programa sus actividades de clase de acuerdo con los diferentes niveles y ritmos de aprendizaje del alumnado, y evalúa sus progresos teniendo en cuenta el punto desde el que partió.

Sin embargo, sospecho que lo que consideramos normal, ese modelo de clase que todos parecemos anhelar, se da en muy raras ocasiones; por lo que a mí respecta, hacía mucho tiempo que no observaba una situación de normalidad tan extraordinaria en un aula. Y ha sido un grupo de alumnos muy diversos, poco dados a “sujetarse” en otras clases, atendidos por una profesora que presenta una limitación física importante, quienes me han mostrado cómo funciona una clase normal.

¿No resulta sorprendente?

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