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Cualquiera tiene un mal día

Posted on: 11 marzo 2011

Vino de Marruecos hace unos años y, aunque todavía tiene algún problema con el idioma, su interés por aprender, sus ganas de trabajar la llevan a superar dificultades que resultan insalvables para otros compañeros de clase. Siempre es la primera en ofrecerse voluntaria para corregir un ejercicio, contestar una pregunta, o explicar un concepto que el resto de alumnos no entiende. En muchas ocasiones tampoco ella lo tiene claro y sus intentos acaban en frustración, por más que me esfuerce en convencerla de que realiza un trabajo extraordinario, y de que admiro su actitud tan positiva.

Imagen tomada de: elorienta.com

Asiste a un grupo de desdoble un tanto complicado, formado por un reducido número de alumnos desmotivados, repetidores, la mayoría de ellos con una sola idea en la cabeza: olvidarse del instituto nada más terminar el curso, y buscar trabajo.

Su interés por el estudio choca con la actitud negativa y las bajas expectativas del resto de sus compañeros; en ocasiones, es objeto de burlas y algún que otro comentario despectivo que ella soporta con excesiva paciencia y un respeto exquisito hacia quienes tratan de molestarla.

Hace unos días esperó a que todos abandonaran el aula para quedarse a solas conmigo. Imaginé que sería para hablarme del examen que acabábamos de corregir en clase, le había salido muy mal y me había pedido que le dejara repetirlo. Pero su interés era otro, me preguntó si pensaba que podía aprobar el curso, y si creía que podría estudiar para abogada, porque era lo que había prometido a sus padres que estudiaría.

Hoy, como todos los días, no ha dejado de levantar la mano cada vez que he preguntado algo (es una de las dos únicas manos que se levantan en este grupo), y, como casi cada día, un par de alumnos le han recriminado su conducta. Uno de ellos, sin embargo, ha ido más allá de lo que podríamos considerar comentarios tópicos y poco dignos de ser tenidos en cuenta, para acordarse de su origen Marroquí, mostrar sus prejuicios respecto a los extranjeros, y expresar su opinión sobre la necesidad de echarlos cuanto antes del país, ya que solo vienen a robar. Lo ha hecho, además, utilizando un lenguaje y unas formas, en mi opininión, inadmisibles.

He interrumpido la clase para hablar del tema, pero no estoy seguro de que haya ido todo bien. El grupo se ha dividido, y he tomado partido. ¿Se puede llamar a un alumno xenófobo y racista, decirle que  manifiesta una actitud fascista, aunque se haga “con cariño” y se le explique porqué?

En fín, cualquiera tiene un mal día, ¿qué podíamos hacer?

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9 comentarios to "Cualquiera tiene un mal día"

Por supuesto que se puede. Sí es cierto que no debe ser ni el único método ni el más utilizado. A veces es bueno utilizar su mismo idioma, desde el respeto, para decirles lo que se piensa. Y a partir de ahí seguir construyendo. Es como retroceder ligeramente para tomar impulso. Y especialmente tú, que llevas una “marcha” que pocxs podemos seguir 🙂

Hola, Juan Pedro. Yo creo que se puede hacer éso que dices. Pero si lo preguntas supongo que es por que algo que has dicho no te ha satisfecho en el fondo o en la forma. Los alumnos nos pueden recriminar palabras que les decimos, exagerarlas y descontextualizarlas. Anota lo que has dicho hoy, que lo recuerdas. Quizá no se deba decir a un alumno que es un fascista, sino que expresa opiniones fascistas, y que si tiene claro lo que está diciendo. Además, tal como has descrito la situación, se le podría sancionar por falta de respeto a una compañera.
Un abrazo. Camilo

Camilo, entre las muchas formas que yo encuentro de modificar la conducta de alumnado con actitudes racistas, la sanción es la única que no veo yo nos lleve a buen puerto. En todo lo demás, de acuerdo.

Nuestro trabajo es como un partido de ping pong (vertiginoso) donde a un lado de la red hay un profe y al otro12 ó 13 respondiendo. Muchas veces no da tiempo a devolver bien. Sólo la experiencia nos permite jugar ésos partidos. Mi comprensión más absoluta.
Sobre si la sanción es positiva o no: yo pienso que sí. Las condiciones para que sea así pueden ser: que no sea arbitraria, que sea parte de un largo proceso (conversaciones previas, avisos, compromisos…), que restituya el equilibrio… Un alumno suele entender que se le sancione, aunque proteste. Y lo que es peor, en el fondo, a veces no entiende que no se le sancione por lo que hace… No quiero decir que haya que llegar a la sanción si funcionan otras medidas, pero tampoco hay que desecharla. En ocasiones, para alumnos complicados, es parte del proceso educativo, y es necesario que pasen por ahí.

La sanción es parte del proceso educativo pero no necesariamente tiene que seguir siéndolo. Mi experiencia me dice que las sanciones con este tipo de alumnado no tienen efectos educativos; si es que es eso lo que perseguimos. Otra cosa muy diferente es que ante agresiones verbales como la que describe Juan Pedro nos tengamos que quedar con las manos en los bolsillos.

Si se trata con alumnos de uno en uno, de acuerdo, el camino puede ser infinito y las acciones que se emprendan también. Pero entonces no se trata de alumnos ni de institutos, sino de terapia y despacho. La realidad educativa es en grupo y si algunas conductas se repiten continuamente… la acción sobre ellas tiene caducidad, y hay que seguir funcionando.
Gracias, Juan Pedro, por generar este espacio.

Gracias, Yolanda, por tu comentario, un empujoncito anímico muy oportuno.
Camilo, no hay más que lo que cuento. En realidad, y porque seguramente me parecía demasiado fuerte, lo que le dije fue que su actitud era fascista, no que lo fuera él, y les expliqué a todos el porqué de mi opinión; aunque espero, sinceramente, que el alumno “me entendiera”. Respecto a la sanción que podía haberle aplicado, ya lo valoré, pero es un alumno “muy sancionado”, y, ante una oportunidad como ésta, pensé en la chica y en él, y consideré que era mejor para los dos poner el tema sobre la mesa, discutirlo, y dar la oportunidad de expresarse al resto del grupo. Podía haberle puesto un parte y haberlo expulsado de clase, pero para él hubiera supuesto una expulsión más, y la chica se hubiera quedado sin el apoyo que le mostraron la mayor parte de sus compañeros. Estoy más con la opinión de Redacción-Yola en este tema, aunque entiendo la tuya, y no podría decir que no comparto algunos puntos que planteas.
En realidad, mi malestar viene del hecho de no haber sabido mantener las reglas de la mediación en este caso; es decir, haber conducido al grupo, y haber dirigido el debate, para que ellos mismos buscaran razones y llegaran a conclusiones. Me dejé llevar por el deseo de que la alumna supiera que contaba con mi apoyo incondicional ante esta agresión, porque todos conocieran mi opinión al respecto, y, posiblemente, eso hizo que mis argumentos perdieran fuerza ante los alumnos que no pensaban como yo. Y perdiera fuerza, por tanto, mi capacidad para influir sobre ellos en la dirección que me interesaba.
En fín, casi lo dejo aquí, porque el tema daría para muchísimo, y tampoco quiero cansaros.
Os agradezco vuestra aportación, no es fácil encontrar comentarios con argumentos tan razonados y que demuestren un conocimiento tan profundo del tema que, según parece, nos apasiona a los tres.
Un saludo.

Yo creo que más que un partido de pin pon, es un partido de frontón, los dos jugáis en el mismo lado, el frontón es la sociedad y la vida… vivir es aprender y se aprende de todo.
Por lo que dices de las sanciones se deduce que eres un “tío” grande.

No estaría yo tan seguro, Plácido; pero gracias, no hay nada como tener amigos.

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