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¿Por qué no se nos permite elegir al alumnado?

Posted on: 3 diciembre 2010

Hoy mismo, una compañera me planteaba la necesidad de llegar a acuerdos de centro  que permitieran adoptar medidas respecto al alumnado que no quiere hacer nada, desbarata las clases, amarga la existencia al profesorado, y plantea de manera continuada problemas de convivencia.

Yo, que no aprenderé nunca, me he animado a sugerir que, efectivamente, podríamos reconsiderar la utlización que se está haciendo del aula de convivencia, constituir un grupo de formación que diseñara estrategias para trabajar en tutoría y proponer actuaciones  encaminadas al tratamiento de las actitudes, las habilidades sociales, el crecimiento moral del alumnado, o crear un seminario que analizara el grado de cumplimiento del plan de convivencia, detectara en qué estamos fallando, y planteara  intervenciones concretas para conseguir su máximo desarrollo.

Me he dado cuenta en seguida de que no hablábamos de lo mismo, y, cortando en seco mi discurso, le he preguntado: ¿o a qué te refieres?

La respuesta ha sido contundente: no, no, no, me refiero a que hay que encontrar la manera de que estos alumnos  se larguen cuanto antes a casa y no estorben al resto.

No soy tan ingenuo como para no entender la preocupación de esta compañera, no pretendo banalizar su  posible angustia respecto a algún desagradable episodio que hubiera vivido en el aula, ni me creo tan tonto como para no conocer el alcance del problema al que se refería. Sé las dificultades que existen para encontrar una respuesta a esta cuestión, pero ¿es la exclusión la única solución que se nos ocurre?, ¿considerarían aceptable que los centros educativos sólo admitieran educar al alumnado seleccionado por el profesorado?

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23 comentarios to "¿Por qué no se nos permite elegir al alumnado?"

Se nota que no das clase.

El problema no es que no se nos permita elegir al alumnado sino que al alumnado y padrerío por muy cutre que sean se les está dotando del poder real de seleccionar al profesorado.

Es una puta dictadura , pero de ellos hacia nosotros.

Sois una panda de desgraciados.

¿Qué pasaría si el cartero sólo entregara las cartas en los buzones que estuvieran a su altura, y dejara sin servicio a aquellos otros a los que no tuviera acceso por estar demasiado altos?
¿No creéis que los vecinos le exigirían que buscara el modo de dejar todas las cartas?
Quizás podría utilizar una banqueta, claro que implica un esfuerzo extra, hay que buscar la banqueta a medida. Pues eso.
En general el profesorado sólo aceptaría en sus aulas a aquellos alumnos que vienen educados de sus casas y siguen con una actitud positiva las actividades que se proponen en el aula. Ciertamente, alumnos cómodos para nosotros. ¿ Y a quién se excluiría? Todos sabemos la respuesta, principalmente a los estudiantes que proceden de barrios marginales y degradados que evidentemente no aprecian una educación impuesta y desligada de sus realidades diarias. Flaco favor les estamos haciendo si nosotros también tiramos la toalla. La sociedad, lamentablemente, lo hace a menudo.
Conseguir progresar con alumnos “cómodos” está bien, sin duda, pero conseguir avanzar o encontrar puntos de encuentro con Ibrahim, Ramón o cualquier alumno conflictivo….es muy gratificante. Esto no quiere decir que siempre dispongamos de la banqueta adecuada para llegar al buzón…hay muchas veces que yo no la encuentro.

¡¡¡¡Y estoy hablando de LA ESCUELA SUPUESTAMENTE PÚBLICA!!!!

(Porque en la privada se puede entender)

Les estáis dotando de ese poder mediante vuestras miserables intervenciones desautorizando a los profesores, aleccionando a los alumnos sobre sus derechos ; y quedando bien con directivas trepas y vendidas a padres consentidores y mafiosos de (h)anpas.

Sujetos como nos estáis sujetando, a los caprichos de los padres y jovencitos la estabilidad laboral de un profesor va a ser inexistente.

Y cada vez va a merecer menos la pena esta profesión.

Gracias por colaborar tan activamente , -es lo que los pedagogos-orientadores soléis hacer en la práctica de los institutos-a que la escuela sea poco más que una guardería donde no hay ambiente para que se enseñe nada y a la desaparición galopante del placer de aprender, enseñar y de ir dando el finiquito a la profesión .

De todos modos ha habido y hay aspectos del profesorado que dejan mucho que desear a la hora de defenderse y veo abundan a partes iguales los masocas estúpidos y los insolidarios y, claro, uno tiene que ser activo , solidario y sanamente agresivo para defender la profesión de las lacras que nos acechan.

Los virus pedagógicos anidarían más difícilmente en un profesorado “sano” que en uno sosolio-acomplejado.

Respuesta afirmativa. En Madrid, en los institutos se ha votado para decidir si están a favor o en contra de los centro bilingües. Todos los que yo conozco, y son unos cuantos, han votado a favor de esta modalidad por mayoría absoluta. La primera razón que alegan no es el inglés que se va a aprender sino la posibilidad de dejar fuera a alumnado poco motivado y con bajo nivel de rendimiento académico. No sólo lo ha reclamado el profesorado sino también padres y madres, los sindicatos, con un silencio aplastante en torno al tema y el resto de la comunidad educativa.

Juan Pedro, te agradezco tu limpieza a la hora de publicar comentarios y te muestro mi respeto por permitir en tu foro expresiones… digamos delicadas. Respondo tu planteamiento en principio de forma simple, pero sin manoseos, creo que es la única forma de llegar a planteamientos de fondo que , me temo , nos pondrían al borde de nuestras propias frustraciones :

– EXPONES: “… utilización que se está haciendo del aula de convivencia, constituir un grupo de formación que diseñara estrategias para trabajar en tutoría y proponer actuaciones encaminadas al tratamiento de las actitudes, las habilidades sociales, el crecimiento moral del alumnado, o crear un seminario que analizara el grado de cumplimiento del plan de convivencia, detectara en qué estamos fallando… ” . RESPONDO: El aula de convivencia no existe, pues en ella nos se convive, se coexiste en un sub-gueto generalmente dentro del gueto ya que, convengamos, en los centros “guay” , / privados / concertados / públicos / no hay aulas de convivencia que, en mis tiempos, se llamaban sin más clases difíciles en escuelas de pobres.

– CITAS: “… no, no, no, me refiero a que hay que encontrar la manera de que estos alumnos se larguen cuanto antes a casa y no estorben al resto…” . RESPONDO: Sí, se trata justamente de esto, pero no a su casa sino a la clase de “al lado” , “al cole de al lado” , al centro de inserción “de al lado” o … al de al lado al fin y al cabo con el gravamen de que las administraciones públicas se cuidad muy mucho, bajo presión social claro está, de que “al lado” siempre haya una alternativa /pública/ de calidad/ abierta/ multicultural/ comunitaria/ … y todas esas cosas con proyecto, con gran proyecto educativo, con gran disculpa garantizada al fin.

– PREGUNTAS “… ¿es la exclusión la única solución que se nos ocurre?, ¿considerarían aceptable que los centros educativos sólo admitieran educar al alumnado seleccionado por el profesorado?… ” . RESPONDO: La exclusión es la única alternativa practicada, es lo que hacemos, no es aceptable, tampoco los profesores seleccionan su propio alumnado, el alumnado no lo selecciona el profesorado, todo aquel con atribuciones de elegir alumnado ya no es profesor, puede ser gestor – director – orientador – delegado – asesor – consultor – experto… es decir , profesorado sin alumnos que ha pasado a “mejor” destino. No digo esto como crítica, sino como autocrítica.

Sara, como ves, en esta página respetamos las opiniones de los demás, incluso cuando no las compartimos, algo a lo que parece que tú no estás acostumbrada. Tu manera de expresarte me parece impropia de alguien que se dedica a la educación, y te define como persona y como profesional de la enseñanza, por lo que no considero necesario contestar a tus provocaciones. Sí me gustaría, sin embargo, aclararte algunas cuestiones:
1. Sí doy clase. Que no te confunda mi “declaración de amor a la pedagogía”, disciplina cuyo estudio inicié a los dos o tres años de dedicarme a la docencia, cuando me di cuenta de que mi trabajo consistía en enseñar a otros lo que había aprendido, no en demostrarles mis extensos conocimientos sobre una materia. Y, hasta entonces, nadie me había enseñado a enseñar.
2. Llamas a tus alumnos “jovencitos”, a las familias que confían en tí para que eduques a sus hijos “padrerío cutre”, a tus compañeros, “desgraciados”, te quejas de que “aleccionemos a los alumnos sobre sus derechos”, como si no merecieran tenerlos… En serio, Sara, ¿de dónde has salido?, ¿cuál es tu idea de esta profesión?
3. Criticas a quienes no pensamos como tú “por colaborar activamente” en que en los institutos no haya “ambiente para que se enseñe nada y a la desaparición galopante del placer de aprender, enseñar y de ir dando el finiquito a la profesión”.
No te conozco suficiente, y no quiero arriesgar una opinión equivocada pero, sinceramente, los jovencitos con los que trabajas, el padrerío con el que no cuentas, y los desgraciados compañeros a los que desprecias es posible que piensen que son los profesionales como tú quienes están consiguiendo todo esto que criticas, y quienes desprestigian la profesión.
4. En tu último comentario dices que “los virus pedagógicos anidarían más difícilmente en un profesorado “sano””, que es como imagino que te consideras a ti misma. Discrepo también, Sara, creo que sería muy deseable que el virus pedagógico invadiera las aulas y los centros educativos, los aireara, los limpiara de impurezas, malos hábitos y “vicios pedagógicos”, para convertirlos en espacios en los que se ejerce la pedagogía, necesaria para orientar, pero también para enseñar matemáticas, inglés, química, o filosofía.

Sira, estoy muy de acuerdo contigo. Ocurriría algo así como si en los hospitales rechazaran a los enfermos y admitieran sólo a los sanos, ejemplo que tomo de los antiguos alumnos de la escuela Barbiana. Parece que hay quienes se empeñan en no aceptar que la sociedad ha cambiado y que la educación no puede quedar al margen de este cambio. Claro que tenemos un montón de problemas, y que en ocasiones no contamos con los apoyos necesarios para resolverlos, pero no me parece que eso deba servir de excusa para olvidar el compromiso que tenemos con TODOS los alumnos, no sólo con los que nos hacen fácil el trabajo.
Yolanda, malas noticias las que nos das. De todas maneras, parece que van en consonancia con los tiempos que se avecinan, época de dominio de los mercados y de mercantilización de la educación, de recorte de derechos, de abandono de políticas sociales, etc. Es una pena que, a pesar de que siempre se ha dicho que la educación debería servir como motor de cambio social, ni muchos profesionales de la enseñanza pensemos así, ni la administración nos esté dejando mucho espacio para intentarlo. A pesar de lo cual, es una alegría saber que siempre hay personas dispuestas a intentarlo.
Benito, creo que es oportuno que podamos leer casi todo, y que quienes pasan por esta página puedan también expresar casi todo, aunque agradezco, desde luego, un mínimo de respeto y educación, todavía más entre personas que nos dedicamos a la enseñanza. De acuerdo con tu comentario respecto al papel que suelen ejercer muchas aulas de convivencia, y absolutamente de acuerdo respecto a la política de “quitarse de encima” lo que nos afea o molesta, que ejercen muchos centros, pero también compañeros y compañeras que prefieren que otros lidien con el alumnado que les incomoda.
Coincido también con tu última observación, los despachos están llenos de huídos de las aulas, y muchos teóricos de la educación no pasan de ser auténticos desencantados, en el mejor de los casos, o desertores de la brega diaria en los centros, en el peor.

Juan Pedro, puedo encuadrarme entre los desencantados pero sin despacho. Siempre he trabajado con alumnado difícil en escuelas que en un tiempo se llamaron escuelas de difícil desempeño, denominación rebuscada donde las haya pero quizás una de las más acertadas desde mi perspectiva, sobre todo si la comparamos con denominaciones políticamente correctas como centros educativos de compensatoria, aulas para el aprendizaje de tareas que la sabiduría popular dejó en aularios a secas, agrupaciones específicas y otros tipos variados de sutilezas junto al peor de todas ellas, centros de Primaria o de EGB con un curriculum normalizado cuando lo único normalizado era precisamente el curriculum y la denominación de origen pero esta vez sí para colar gato por liebre. Centros en los que el nuevo profesorado se estrellaba de entrada con ese curriculum normalizado nada más empezar su trabajado sin ser ni siquiera advertido de la especificad de su tarea no sea que la comunidad educativa tilde su centro de “especial” con un profesorado en permanente peregrinación en pos de un mejor destino. Y, finalmente, centros públicos todos ellos, productos de una política educativa selectiva y con una práctica discriminadora basada en conciertos educativos cara a la concertada mal llamada privada, o centros de calidad cara a la pública, con idénticas prácticas en ambos casos; desviación del alumnado / familias problemáticas generalmente deprimidas hacia centros gueto que no tienen ni concierto educativo ni proyecto… pongamos trilingüe, por poner algo. Las sutilizas actualmente se han refinado y ahora este tipo de centros también tienen “proyecto” dentro de una variada gama de “ofertas institucionales”.
Sí Juan Pedro, desencantado estoy, prácticamente jubilado, no voy a aceptar ni reconocimientos, ni entrevistas, ni despedidas o cosas de este tipo. Habré de tomar una decisión para expresarme desde la denuncia o si no callar poniendo el chip en otra cosa. Siento no aportar gran cosa a tus últimos post basados en preguntas de difícil respuesta.

Nadie quiere ir a trabajar y que todo sean problemas, es lógico, pero en el tema educativo, con esa materia prima, los retos que se superan son los que merecen la pena. A todo el mundo le gusta gente que colabore, que no cree problemas, que lo apruebe todo, que aprenda rápidamente. Pero ¿y la motivación, quién la proporciona, quién hace que una materia: inútil muchas veces interese a alumnos que no tienen ningún interés ni motivación?. La exclusión solo produce más exclusión, la separación más separación… opino.

Benito, sé que sabes muy bien de qué hablo, ahora que conozco tu experiencia en la enseñanza. Tus aportaciones, por eso mismo, son muy interesantes. Respecto a mis preguntas de difícil respuesta, fíjate que son las mismas que nos llevamos haciendo desde hace demasiado tiempo, y, lo peor del caso es que conocemos las respuestas, pero no encontramos a nadie que se atreva a poner el cascabel al gato.
Plácido, estamos de acuerdo en que a nadie le apetece trabajar en determinadas situaciones; los problemas, cuanto más lejos, mejor. Pero, huir de los problemas acarrea casi siempre problemas mayores, y, cuando hablamos de educación, me parece que esta huida supone, entre otras cosas, no cumplir con el trabajo que se te ha encomendado. Yo también creo que la solución no está en “apartar”, sino en integrar; desde luego, poníendo a disposición de este objetivo todos los medios que sean necesarios.

Hola a todos.
La verdad es que este blog esta realmente interesante.
Me gustaria expresar mi opinion en este tema tan candente como es el alumnado con especiales dificultades.
Yo, cada vez que digo que estoy a favor de una educacion por niveles, todo el mundo se me echa encima.
Vayamos por pasos: Yo no considero a que estos chicos que “pasan ” de tus clases, con problemas disciplinarios que ni sus padres saben que hacer con ellos, haya que expulsarlos del centro, pero realmente creo que no pintan nada al lado de otros chicos que sí pueden tener un recorrido educativo determinado.
¿Por que no establecer niveles por curso? Yo puedo adaptar mis clases de historia a un nivel determinado para motivarles con actividades adaptadas.
Yo estoy a favor de una escuela bilingüe para TODOS

Perdona, que no he podido terminar el post:

Yo estoy a favor de una escuela bilingüe para TODOS los alumnos, independientemente del nivel academico que tengan, pero tambien defiendo entonces un programa trilingüe para los mas avanzados.
Es decir, los niveles no son algo de lo que abominar. Yo creo que mi labor como profesor seria mas eficiente y de mayor calidad si doy a mi alumnado lo que necesita, segun sus demandas.
Por supuesto, un bien profesor tiene que dominar no solo su especialidad, sino tambien conceptos de pedagogia, pero una cosa no quita la otra.

Gracias, Ara, el tema es peliagudo, Dices que tu “labor como profesor seria mas eficiente y de mayor calidad si doy a mi alumnado lo que necesita, segun sus demandas”, y estoy de acuerdo contigo, pero me sigue dando miedo la separación “por niveles”, aun entendiendo perfectamente el problema que planteas. Dando a cada alumno lo que necesita, creo que sería más fácil animar al que no tiene muchas ganas de estudiar, si se le pone en un grupo de alumnos estudiosos, que pueden echarle una mano y ayudarle a cambiar de actitud. Me parece, por el contrario, que le condenaríamos al fracaso más estrepitoso si le unimos a otros alumnos desmotivados, conscientes del grupo en el que se les ha puesto, y del que los propios profesores esperan, seguramente, poco.
Pero ya sé que es difícil ponerse de acuerdo en este tema y, por cada argumento a favor, siempre habrá alguien que encuentre otro en contra.

Después de leer vuestras aportaciones comparto muchas de ellas y como a la mayoría de vosotros, se me ocurren soluciones que no sé si son del todo, adecuadas. En mi instituto no separamos por niveles, y nos estamos encontrando que cada vez, se nos complican los problemas de disciplina porque los alumnos vienen muy desmotivados, con muchas carencias lingüísticas y lo que es peor, emocionales y cuando sales de una clase donde te has pasado la mitad del tiempo poniendo orden, etc y ves a los pobres tres o cuatro alumnos que podrían seguir una clase “normal” es cuando te planteas los niveles, para poder “salvarles” o rescatarles de tanto caos, pero también piensas en los que no tienen ningún referente en su casa, ni hábitos ni naa y que la única oportunidad la tendrán conviviendo con alumnos que si lo tienen. Pero claro, aún así, sabes que hay alumnos que no quieren estar en clase que no les gusta estudiar y que si existiera una alternativa real, tal vez, la aprovecharían al máximo y no hablo de PQPI porque en mi centro es a partir de los 15 si no de otro tipo de enseñanza para alumnos de 12 años que no quieren estudiar o que tal vez necesiten mezclar conocimientos mínimos con algún aprendizaje más activo, más real. No sé, es difícil.

Y tanto que es difícil, Maru, pero la cuestión, en mi opinión, está en intentar atender los intereses de todos; de los que van bien, para que no pierdan, y de los que tienen problemas, para que puedan superarlos. El problema se paliaría ofreciendo a cada cual la atención que necesita, pero creo que sería un error si tuviéramos que recurrir para ello a la segregación, a una especie de apartheid que separara “listos y tontos”. Con esa etiqueta sería difícil que los considerados como “tontos” (así lo interpretan ellos) se creyeran que pueden conseguir algo, y es posible que incluso el profesorado cayera en la tentación de pensar que “para lo que se puede hacer con ellos”…

Solo una pregunta hacia ti Juan Pedro. Estos alumnos que bien se sabe no harian el mínimo ápice de esfuerzo aunque supieran que le va la vida en ello, ¿De verdad se merecen estar en una clase con gente de verdad interesada y aplicada?
Estos alumnos (problematicos) solo se dedican a molestar en las clases. Es igual que el trabajador que solo se dedica a hablar con el compañero, seria renegado de su puesto, pues aqui lo mismo.
Muchos niños en el mundo querrian tener una escuela y sin embargo, estos que tienen la oportunidad la rechazan.

Todo el mundo tiene derecho a que se le dé una oportunidad, pero de verdad, no dando por hecho que va a ser incapaz de aprovecharla. TAmbién habría que exigir a estos alumnos que aprovecharan esa oportunidad, y que se tomaran en serio el esfuerzo que otros realizan para que puedan superar sus dificultades. Habría que analizar las causas por las que algunos alumnos rechazan el sistema escolar. No creo que sea sólo porque no quieren aprender.

Juan Pedro, estoy de acuerdo contigo en lo primero, debemos aceptar a nuestro alumnos, pero despues son ellos los que tienen que correspondernos y aprovechar la oportunidad que se les ha dado, y sobre todo evitar que fastidien a los demás alumnos que si estan dispuestos a esforzarse.

Juan Pedro, solo un pequeño comentario mas:
Entiendo perfectamente tu postura, pero yo no me refiero a separarlos por “listos” y “tontos”, esa etiqueta la ponen los profesores.
Por ejemplo, yo estudie durante dos años en un colegio que funcionaba por niveles. Habia asignaturas que se me daban mejor y estaba en un nivel mas avanzado, y asignaturas que yo era consciente que se me daban peor, y estaba en niveles mas bajos. Y siempre podia esforzarme mas y subir de nivel lo cual requeria mas trabajo y estudio por mi parte.
Claro que para hacer esto tendrian que cambiar mucho los planes de estudio, hacerlos mas flexibles, atractivos y practicos para los alumnos.
No digo que esto sea la panacea, pero en determinados casos podria funcionar. No crees?

No creas que somos sólo los profesores quienes ponemos la etiqueta; los propios alumnos se señalan unos a otros, especialmente, a los que abandonan el aula para recibir apoyos, o a los que son asignados a esos grupos que todos saben que no siguen la programación ordinaria.
Muchas cosas tienen que cambiar, desde luego, pero mientras tanto, ¿cuántos alumnos están quedando por el camino, sin que se les haya ofrecido una opción real para superar sus dificultades?

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