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Violencia: ¿eliminación o educación?

Posted on: 13 septiembre 2010

Los juegos infantiles están íntimamente relacionados con los devaneos y las fantasías oníricas. Al inhibir el juego basado en la fantasía agresiva, nos comportamos como si el simple hecho de pensar y soñar con la violencia fuese malo. Esta actitud impide que los niños entiendan claramente la gran diferencia que separa la fantasía violenta del actuar violentamente en la realidad. Si al niño no se le permite aprender a edad temprana en qué consiste esta diferencia relativa a la violencia, más adelante, puede que no sepa trazar una linea divisoria clara entre las fantasías y las acciones violentas.

Prohibiendo la fantasía violenta del niño olvidamos por completo lo que reconoció hasta Platón: que la diferencia entre el hombre bueno y el malo es que el primero sólamente sueña con malas acciones, mientras que el segundo las comete.

Se ordena a los niños que no peguen ni insulten a sus compañeros de juego. Asímismo, se espera de ellos que no destruyan sus juguetes u otros bienes. Hasta aquí, no hay nada que decir. Pero, en tal caso, ¿qué válvulas de escape se ofrecen a su violencia? Es muy poco razonable, pero dejemos que un padre se encuentre con la violencia de su hijo, y lo más probable es que le dé un cachete o le eche un rapapolvo, con lo que demuestra que la violencia está bien si quien la ejerce es mayor y más fuerte y recurre a ella so pretexto de reprimirla. Así que terminamos utilizando la violencia para suprimir la violencia y, al hacerlo, enseñamos a nuestros hijos que, en nuestra opinión, no hay ninguna forma razonable o inteligente de resolver el problema. Pese a ello, los mismos padres estarían de acuerdo, en otro momento, en que la represión es el peor sistema para hacer frente a los instintos.

A diferencia de Wertham, quien, al igual que muchos otros, aboga por la protección de los inocentes con el fin de que no resulten seducidos por los tebeos, pongamos por caso, estoy convencido de que ni los tebeos ni la mismísima televisión seducen a las personas inocentes. Ya va siendo hora de que tanto el mito del pecado original como su contrario -el mito de la inocencia original- fueran despachados al pais de los unicornios. La inocencia no es ni una característica innata ni una útil protección o defensa; la mayoría de las veces, es poco más que ignorancia, a la que con demasiada frecuencia se agarran las personas en busca de seguridad (falsa). Los tebeos son propensos a reforzar las tendencias delictivas y a enseñar formas nuevas y asociales de actuar sólamente a aquellos en quienes la delincuencia forma ya parte de su carácter.

El predominio de imágenes de violencia en las películas y la televisión estimula la descarga fortuita de violencia, mientras que, al mismo tiempo, incrementa el temor a la violencia sin hacer nada por promover la comprensión de su naturaleza. Necesitamos que se nos enseñe qué debemos hacer para contener, controlar y encauzar la energía que se descarga en violencia hacia fines más constructivos. Lo que brilla por su ausencia en nuestros sistemas educativos y en los medios de comunicación es la enseñanza y promoción de “modos de comportamiento satisfactorios” con respecto a la violencia.

Al afirmar que no hay -o no debería haber- lugar para la violencia en nuestro carácter emocional, eludimos la cuestión de cómo debemos educarnos para controlar nuestras tendencias violentas.  De esta manera tratamos de obligar a cada individuo a reprimir sus tendencias violentas, toda vez que no le hemos enseñado cómo controlarlas o neutralizarlas, ni hemos dotado la sociedad de válvulas de escape para ellas.  Por esto tanta gente ansía encontrar satisfacción, cuando menos imaginaria, de sus tendencias violentas en las imágenes de fantasía que le proporcionan los medios de comunicación.

Si estas imágenes se han hecho cada vez más predominantes, incluso en los noticiarios supuestamente objetivos, ello es un indicio de lo muy extendida que está la fascinación de la violencia, y de cómo se siente la necesidad de su descarga violenta en la imaginación. Lo que está muy mal, sin embargo, es que los noticiarios que dedican tantos metros de película a la violencia no la contrarresten con la presentación tanto o más destacada de lo que se consigue con la paz y la cooperación, virtudes que por lo menos son tan frecuentes y mucho más importantes para el bienestar de la sociedad que las incidencias de la violencia.

Texto extraído del libro “Educación y  vida moderna”, de Bruno Bettelheim. Editorial Crítica, s.a., Barcelona 1982.

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8 comentarios to "Violencia: ¿eliminación o educación?"

Hola Juan Pedro. Lo primero reconocerte el esfuerzo de crear blogs como éste que realmente tratan temas de interés.

Una vez, hablando con un profeso, me comentaba que el verdadero problema contemporáneo no es la economía, ni el medioambiente, ni las enfermedades… para él el principal problema de los últimos tiempos es la violencia. Él lo centraba sobre todo en la maximización de la violencia en la forma bélica de la guerra, pero en cualquier caso la guerra es una de las múltiples formas de ejercer la violencia.

Me cuesta ver esa diferencia que se plantea en el post entre la violencia “real” y la violencia simbólica de la “fantasía”. No es que no reconozca que evidentemente no es lo mismo jugar a la guerra que la guerra misma, o que un videojuego donde se dispara a camellos drogadictos de bandas rivales dista de “ser” la realidad de esas bandas. Ahora bien, los seres humanos tenemos una característica fundamental que nos distingue de los animales como es el uso del lenguaje, y además nuestro lenguaje es tremendamente abstracto y complejo, separándose prontamente de la realidad. Dicho de otro modo, de todos los conceptos que forman parte de nuestro lenguaje, los que tienen que ver con “la realidad” son sólo una pequeña parte del mismo. Además, muchos de los elementos que forman parte de la educación de los niños y jóvenes (el cine, los videojuegos, el deporte, las relaciones familiares, las relaciones sociales en sus ambientes más próximos como el colegio…) están altamente determinados por conceptos violentos, y muchos de ellos (cine, comics, dibujos animados, videojuegos…) tratan de representar en la fantasía la violencia propia de la realidad.

Estoy de acuerdo en que la violencia forma parte de nuestra realidad (yo no diría de nuestra “naturaleza”, sino de nuestro “lenguaje”) y los niños deben enfrentarse a esta realidad con herramientas sólidas para no terminar perpetuando la enorme violencia que podemos apreciar en nuestras sociedades (basta abrir un periódico y ver los casos de violencia de género, maltrato animal, guerras por todo el mundo, hinchas de un equipo apaleando a los del otro…). Yo abogo por entender la importancia del lenguaje (que no de la lengua; no me refiero al castellano, al catalán o al inglés, sino a un campo conceptual, significativo), tratar de rastrear el enorme simbolismo del lenguaje violento que aprende un niño desde muy temprana edad y pensar en formas más pacificas, de cooperación (en vez de competición), de ayuda (en vez de lucha), de aprendizaje y disfrute (en vez de exámenes y frustración) ¿Pero qué podemos esperar de un sistema social (económico y político) terriblemente competitivo donde triunfa el más capaz relegando al minus-válido y donde la carrera hacia el éxito conlleva dejar por el camino un reguero de cadáveres? Quizá los que pensamos en un mundo menos violento también pensemos en un sistema con otros conceptos y valores.

Un saludo. Xarach.

Interesantísima reflexión, que te agradezco, Xarach. Fíjate que el título de la entrada hace referencia a si la violencia debe ser eliminada (en el sentido de abolida de cualquier plan de trabajo, y rechazada sin más, por considerarse un comportamiento no deseado), o debemos aceptarla como una más de las inevitables respuestas del ser humano, y educar al individuo, para dotarlo de estrategias de control sobre la misma.
En este sentido, creo que no se pueden poner puertas al campo, y que de nada sirve negar lo evidente: existe un componente violento en la sociedad, que tiene también su reflejo en las propuestas de ocio que se nos ofrecen. ¿Sería posible aprovechar la atracción que sentimos por este tipo de propuestas, que no son demostraciones violentas de la persona, para profundizar en el análisis de sus causas, el conocimiento de sus manifestaciones, las consecuencias que acarrean, etc., y evitar que las descargas de adrenalina sobre una máquina se trasladen a la vida real?
De acuerdo contigo, por lo demás, en tu análisis de la sociedad actual, y en la necesidad de modificar el sistema de valores por el que nos regimos. Desde la educación, creo yo, y fíjate que digo educación, no escolarización.
Un saludo

Hola Juan Pedro, soy Paloma, fui compañera tuya en la Pobla de Vallbona, cuando estabas de Jefe de estudios, yo estaba con Maria Jose Crespo, en Latín, ha sido una sorpresa encontrarme tu blog por casualidad, es muy interesante, lo seguiré de cerco. Me alagra mucho de vez en cuando ver una cara conocida por internet.
Un abrazo. Paloma

¿Qué tal, Paloma? Te recuerdo perfectamente, y me alegra encontrarte por aquí, espero que podamos seguir en contacto, aunque sea a través de esta página.
Un abrazo.

¡Me encanta este tema!..
Parece que casi todo el mundo esta de acuerdo en la característica innata de la violencia en el ser humano y habrá que creerlo.
La violencia es la expresión del miedo, el miedo es defensivo (nos protege).
Detrás de la violencia siempre está el miedo.
La gente va a las guerras por miedo a perder algo suyo, de eso ya se encargan las campañas de motivación de los poderes que deciden hacer la guerra (véase las distintas propagandas bélicas en todas las guerras). Mas tarde la propia guerra ya genera miedo para seguir.
Una cosa es controlar (canalizar) y otra evitar (erradicar).
Por lo tanto es preferible la violencia controlada. ¿Como?, Pues en ámbitos lúdicos, como decís (Cine, TV. Videojuegos, Pin Ball, y otros tantos) Entonces estos ámbitos son el medio de canalización. Bienvenidos.
El problema es cuando se llevan a la cotidianidad, a la vida real. Ya no son un medio, se convierten en un fin…. Además la “particularidad” está en que la mayoría de las veces se dirige hacia otras personas, hacia elementos de la comunidad, etc. incluso algunas veces hacía uno mismo.
¿Qué podemos hacer para que esto no suceda?…….. ¡Educación!
Educación desde dos vertientes: una para enseñar a canalizar (aceptando y gestionando el miedo) y otra para enseñar respeto.
La idea del lenguaje violento es muy interesante, también ahí hay mucho que hacer.
¿Es fácil no?

Me apetece contestarte empezando por el final, Vicent: ¡Facilísimo! Pero para conseguir lo que planteas, con lo que estoy absolutamente de acuerdo, los responsables de esa educación que sugieres deberían también estarlo. Y no siempre ocurre así.
Por ejemplo, ¿qué hacemos con la violencia que se ejerce en el seno de la familia, la primera agencia educativa?
Y todavía más, ¿cómo solucionamos el tema de la violencia que se registra en las aulas, y que no siempre es ejercida por el alumnado, en ocasiones, también por el profesorado?
¿Cómo conseguir que padres y profesores enseñemos a nuestros hijos y alumnos a superar sus miedos y controlar la violencia que provocan, si no somos capaces de superar los nuestros, ni de controlar en muchos casos nuestros propios comportamientos violentos?

Estoy convencido de que en “tu aula”, no habrá mucha violencia, sobre todo la que parte de ti, y por eso mismo también habrá menos desde tus alumnos. Y me atrevo a decir que ocurre algo parecido en tu casa, a pesar de tus miedos. Por lo tanto puedes responder tu mismo a la tercera cuestión que planteas.
Las dos primeras cuestiones implican un cambio social (no de uno solo) y por lo tanto se multiplican las dificultades. A falta de estrategias, también sociales, (los patrones, modelos, etc. educativos de hoy en día nos conducen en sentido contrario) nos queda la labor personal (de hormiguita) y quijotesca de cada uno de nosotros en el entorno inmediato que nos rodea. Y tú en el tuyo y yo en el mío tenemos una influencia (muy limitada, pero la tenemos). También podemos ampliarla, por eso estamos debatiendo por aquí.

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