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¿Sólo se aprende sufriendo?

Posted on: 28 mayo 2010

Les invito a leer un texto de Francesc Carreras, catedrático de Derecho Constitucional de la UAB, que publicó La Vanguardia hace ahora dos años. Es uno de esos escritos críticos con el sistema educativo que últimamente firman destacados intelectuales, periodistas, aspirantes a escritor famoso, y algún que otro académico especialista en la redacción de “best sellers”.

 Son personas que hablan, normalmente, desde el desconocimiento del propio sistema educativo, ajenas a la profesión docente, al menos en lo que se refiere a las etapas sobre las que vierten su crítica destructiva, o que no han pisado un aula en los últimos cuarenta años.

Justo es decir, no obstante, que gozan de un número significativo de seguidores entre docentes que, encontrándose en activo, especialmente en las etapas de Secundaria y Bachillerato, añoran como ellos esas aulas de la dictadura, en las que tan cómodos  debieron sentirse, y a las que tanto nos costó llegar a muchos, porque la educación entonces no era para todos.

Reflexionen, y opinen si quieren,  sobre este texto falaz, desenfocado, oportunista, ajeno a la realidad que se vive en las aulas, ignorante de los problemas reales por los que atraviesa la educación actual, que menosprecia el trabajo de muchísimos profesionales docentes que pensamos en la educación como un derecho de los ciudadanos, y como servicio, no como un sarampión por el que obligatoriamente ha de pasar el alumnado.

Plastilina en la universidad

Hace ya muchos años que en la enseñanza primaria los juegos con figuras de plastilina tienen tanta o más importancia que aprender a leer, escribir y las cuatro reglas de la aritmética. La pretensión ha sido que los niños, envueltos en mimos y algodón, no aprendieran casi nada pero fueran felices. Los conocimientos propiamente dichos se dejaban para la enseñanza secundaria. 

Con el tiempo, sin embargo, a la segunda enseñanza le llegó también esta filosofía pedagógica y la Logse fue su más clara expresión. Los adolescentes también debían ser, ante todo, felices en el instituto. Se partía de que los suspensos traumatizaban a las cándidas almas juveniles en una edad difícil y había que educarlos en la no competencia con los demás compañeros, la sociedad, más adelante, ya los obligaría a ello. Así, los trabajos escolares empezaron a sustituir a los exámenes, considerados pruebas represivas; los esfuerzos en recordar cosas de memoria resultaron ser métodos anticuados, y las máquinas de cálculo sustituyeron el ejercicio mental que suponía sumar, restar, multiplicar y dividir.

En la actualidad, siguiendo esta vía, aun arrastrando cuatro suspensos se puede pasar de curso para así seguir con los mismos compañeros, ya que la amistad y la formación sentimental son considerados bienes superiores a la adquisición de conocimientos. La pedagogía de la plastilina se había apropiado también de la enseñanza secundaria.

Todo ello ha provocado que una buena parte de los estudiantes, sin culpa por su parte, sino debido al sistema pedagógico de moda, lleguen a la universidad indefensos ante lo que se les viene encima. Durante los últimos diez o quince años, las escabechinas en primer curso de carrera han sido morrocotudas. Los alumnos acceden a la universidad sin ni tan siquiera haber aprendido el hábito de estudiar, es decir, a poner los codos sobre la mesa, leer página tras página de un libro, saber sintetizar lo leído y así poder extraer los conceptos fundamentales, relacionar tanto las diversas partes de una asignatura como los conceptos aprendidos en una asignatura con los de otra. El problema ya no es que no sepan escribir, sino que el simple hecho de leer les supone un esfuerzo insuperable. El problema, por tanto, está en la formación recibida a través de la pedagogía de la plastilina”.

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7 comentarios to "¿Sólo se aprende sufriendo?"

Os dejo un enlace de lo que sucede cuando jugar con la plastilina no se ve con buenos ojos. El sistema educativo de Japón ha conseguido grandes éxitos en los PISA.

¿Es ese nuestro objetivo? Todo es cuestión de decididr de qué forma queremos medir la felicidad.

http://la-revolucion-educativa.blogspot.com/2010/05/el-sistema-de-educacion-japones.html

Primero te dejo mi comunicado nada especial…

*junio 01, 2010. ¿Perjudica la escuela(20.8) la salud mental del docente?… (+iessecundaria)

Posteado por Juan Pedro Serrano en 21 Abril 2010
En: Diario de un docente iessecundaria.wordpress.com/ (…)

… y ahora paso a leer lo escrito por el catedrático. PAQUITA

Ahora sí…
Sí, sólo se aprende con esfuerzo.
Sin perjuicio de que, un docente estimulante “abduce” al alumnado y el esfuerzo a realizar será menos costoso, menos “sufriente”.
Esto en las primeras etapas es esencial; luego, de mayores, con mayor coste personal para el alumno, puede suplir la falta de dicho -buen- profesor con tesón y mucho trabajo.
De cualquier forma siempre tendrá ese hueco “vacío”, el del recuerdo dejado por los estupendos referentes.
Buen día desde Madrid: PAQUITA

Gracias otra vez, Yolanda, por descubrirme blogs interesantes que no conocía. El artículo que recomiendas pone el dedo en la llaga. ¿Qué queremos conseguir? ¿Estamos haciendo lo adecuado para lograrlo? ¿Quién evalúa el sistema, y el proceso educativo en cada centro?
PISA, respecto a la educación, empìeza a producirme el mismo mal rollo que el FMI, o “LOS MERCADOS”, respecto a la economía: ciudadanos al servicio del mercado, y ciudadanos al servicio de la educación. ¿No debería ser al revés?

El esfuerzo no se pone en cuestión, pero siempre que tenga un sentido, que se plantee como una meta para conseguir algo, no como un fin en sí mismo. Lo que se discute es si para aprender es indispensable sufrir o no. Hay esfuerzos que no implican sufrimiento. ¿El hecho de aprender puede resultar placentero, aunque exigente? ¿Se puede aprender jugando?

Muy buena la reflexión sobre el artículo. La comparto y es de agradecer. En el post del Sr. Carreras hay un comentario de alguien que da con una clave para superar de inmediato este tipo de análisis: contrapone el esfuerzo (sin sentido) vs. el compromiso y la responsabilidad (donde cabe todo, juego, esfuerzo, conversación, estudio… porque todo tiene sentido)

Corren malos tiempos para la lírica, Vicent, quienes piensan como tú, o como yo, no gozamos de buena prensa entre nuestros propios compañeros y compañeras docentes. La pedagogía carece de valor, y quienes abogamos por ella somos tachados de ingenuos, cuando no de traidores. A más de uno le gustaría volver a aquellos tiempos en los que se decía: la letra con sangre entra.

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