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¿Se puede aprender con miedo?

Posted on: 12 febrero 2010

Ayer escuché a una compañera decir que ya estaba bien de tanta democracia y tanta tontería, que lo que hacía falta era que alguien la autorizara para pegar dos hostias a más de uno, y se terminaban los problemas de convivencia.

El genio de la lámpara parece haberla escuchado y, casi al mismo tiempo que ella expresaba su deseo, el Conseller de Educación de la Comunidad Valenciana presentaba el borrador de un anteproyecto de Ley de autoridad del profesorado, en el que se otorga a los docentes el rango de autoridad pública cuando se encuentran en el ejercicio de sus funciones.

Según el Conseller, la ley busca que se reconozca al profesorado la importancia social que tiene, y el respeto que debe tener por parte del conjunto de la sociedad.

Su objetivo es “garantizar el ejercicio efectivo de la función docente en los centros públicos y concertados, la promoción de la convivencia y la autonomía del profesorado en el desarrollo educativo del alumnado”.

Hasta aquí, nada que objetar, imagino que los fines que persigue los asumimos cualquiera. El problema son los medios. ¿Alguien piensa de verdad que una ley nos otorgará la autoridad que no ganamos en el aula, o facilitará la convivencia y logrará el buen clima que no conseguimos a través del trato diario con el alumnado y las  familias? Ese respeto al que, sin duda, tenemos derecho, y el reconocimiento social que merecemos, ¿se va conseguir sin más, porque lo dicta una ley?

¡Pero cómo se puede ser tan ingenuo! Con esta ley, tal vez agilizaremos los procesos de expulsión del centro de esos alumnos a los que ahora ya expulsamos aplicando el actual Decreto de convivencia, aunque con mucho papeleo. Es posible, incluso, que evitemos discusiones “absurdas”, y ahorremos explicaciones antes de exigir a un alumno que abandone la clase -“porque lo dice la autoridad, y basta”-; pero el problema real, el que provoca que la situación sea la que muchos dicen que es, el que impide que en los centros se pueda trabajar como sería deseable, y el que nos lleva a invocar la disciplina en lugar de profundizar en el trabajo de la convivencia, no se remedia endureciendo las leyes, o vistiendo de uniforme al profesorado.

¿Qué modelo educativo pretendemos, que en lugar de buscar cómo formar mejor al profesorado, y dotarle de los medios que necesita para ejercer su trabajo, se limita  a promulgar leyes que le defiendan de su alumnado?

Ayer mismo, en un instituto de Valencia, trataba de ofrecer a un grupo de animosos compañeros y compañeras, que realizan un curso de formación, algunas propuestas de actuación para promover la convivencia, prevenir conflictos, resolver de forma pacífica los que se produzcan, y facilitar que los alumnos puedan aprender y los profesores enseñar. Tienen problemas, y quieren resolverlos; si es posible, sin hostias de por medio.

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11 comentarios to "¿Se puede aprender con miedo?"

Creo que no hay que pedir, efectivamente, tanto a la ley, pero por otro lado, tampoco denostarla. Su utilidad sólo se va a ver cuando haya violencia contra el profesorado y en esos casos, estoy segura que el docente afectado agradecerá esa presunción de veracidad que se le otorga o la asistencia jurídica gratuita por parte de la Conselleria. Y los de la Concertada, supongo que también les gustará gozar de esa protección. Dicho esto, como dices, nos hay que esperar ningún cambio en el día a día de los centrosya que, menos mal, no todos los días ni en todos los centros ocurren estos graves hechos que terminan en los tribunales. Por tanto, la ley sirve para lo que sirve, no será la panacea, pero en un punto concreto (la protección legal del docente) es bueno para el colectivo.

No veo la relación entre la ley de marras (con las limitaciones y demás , como dice Anastasia) y tu insistencia en las hostias. Suena a esa vieja cantilena de autoridad=franquismo, que tanto daño hace y ha hecho en las aulas.

Anastasia, a las leyes hay que pedirles que contribuyan a solucionar los problemas para los que han sido promulgadas. Esta ley pretende resolver la conflictividad en los centros y conseguir que la sociedad respete a los docentes y valore su trabajo. ¿Crees que la mejor manera de alcanzar esos objetivos que se plantea es a través del reconocimiento del profesorado como autoridad pública? ¿Ya está?
Porque, si lo que se pretendía era ofrecer cobertura legal al profesorado, la ley podría haber sido otra.
Pero esto me parece que es mezclar churras con merinas, y pretender atajar un problema, el de la convivencia y el prestigio docente, con soluciones que no inciden en las causas que lo producen, la cobertura legal del profesorado, o la presunción de veracidad de su testimonio en casos de conflictos.

Yo creo, Iñak, que lo que hace daño en las aulas es pretender trabajar hoy con los métodos que utilizaron conmigo hace mil años, ya que ni los alumnos, ni las circunstancias son las mismas.
No sé si existe relación entre la ley y las hostias que parece que ansía poder dar la compañera a la que me refiero, pero sí parece claro que este tipo de metodología, que más de uno añora aunque no lo diga por ser políticamente incorrecto, se aplicaba en épocas pasadas, pero resultaría difícil aplicarla en la actualidad. ¿Pretendemos rescatarla?
Me parece que esta ley que pretende solucionar la conflictividad en los centros, y lograr que el profesorado recupere su prestigio, no es la más adecuada para conseguirlo. Es posible que la falta de autoridad del profesorado, que no ayuda a acabar con ciertos comportamientos del alumnado, sea motivo de conflictividad, pero lo que se conseguirá no es darle más autoridad frente al alumnado, sino más poder, que no sé si es lo que más se necesita.
El profesorado pierde autoridad y prestigio porque se le coloca continuamente en situaciones límite, para las que no se le dota de recursos, y hacen imposible su trabajo. Eso es lo que debería solucionar una ley que tiene como objetivo mejorar sus condiciones de trabajo, y, supongo que también ayudar al alumnado.

Quizás porque soy una profe afortunada que trabaja en un Centro con muy poca conflictividad, me atreva a juzgar a aquéllos que dicen añorar esos tiempos en que la autoridad se imponía por la fuerza. Rechazo la violencia en todos sus contextos y no creo que pueda considerarse nunca un instrumento para la educación. EStoy convencida de que el profesor debe intentar ser modelo de los valores que quiere enseñar.
Defiendo, por supuesto, la autoridad del profesor y pienso que es insostenible la figura del profe-colega. Pero, ¿qué clase de autoridad es ésa que se basa en el miedo? Yo ésa no la quiero.
Y claro que hay casos en los que todas esas estrategias que se nos presentan en los cursos para promover la convivencia no funcionan. Está bien entonces contar con una ley que nos respalde, que agilice las expulsiones o las sanciones disciplinarias que se consideren oportunas.
¿Se puede aprender con miedo? Tal vez, con miedo, pudiese hacer estudiar a mis alumnos la historia de la literatura o los principios básicos de la sintaxis. Pero lo que yo quiero enseñar precisa de otro contexto.

Pues ésa es la idea, Mar. Para que el alumno aprenda es necesario que exista un profesor dispuesto a enseñarle, algo que a todos se nos supone, y que este profesor sepa y pueda crear las condiciones apropiadas para que el aprendizaje se produzca.
En ese saber y poder es donde yo incidiría; es decir, se nos tiene que formar mejor, eneñándonos técnicas de prevención y resolución de conflictos, habilidades de comunicación, didáctica de la asignatura, etc, para poder adaptar nuestro trabajo a las condiciones que nos vamos a encontrar en el aula. Y se nos debe dotar de los recursos necesarios para poder desarrollar nuestro trabajo en condiciones: materiales, didácticos, de apoyo, orientación, etc.
La administración, por otra parte debe cumplir con su obligación: construir centros suficientes, eliminar barracones, evitar masificaciones, sustituir con diligencia al profesorado de baja, legislar de manera coherente y no de cara a la galería, etc.
Mientras no se den estas condiciones, tendremos problemas, no sabremos ni podremos afrontarlos, y existirá conflictividad.
En este contexto, por mucha autoridad que se nos conceda, nos seguirá resultando muy difícil enseñar, y al alumnado aprender.
Promulgando leyes que pretenden agilizar las expulsiones, endurecer las sanciones, o reforzar artificialmente la autoridad del profesor -que siempre debe existir, y siempre se debe exigir, aunque no parezca ésta la manera adecuada-, no solucionamos el problema; o lo solucionamos de la peor manera, sin tener en cuenta al alumnado, objetivo primero y último de nuestro trabajo.

Totalmente de acuerdo.

¿Por qué con un mismo tipo de alumnado hay personas que tienen problemas y otras que no los tienen?
La ley te puede otorgar autoridad legal, la autoridad moral se gana.
Y el alumnado de hoy está muy necesitado de autoridad MORAL.

Absolutamente de acuerdo con tu reflexión, Carmen, y muy buena tu pregunta. Seguro que tienes más de una respuesta para ella. También a mí se me ocurren varias, no creas. Seguro que coincidiríamos.

Probablemente si.

[…] la misma manera que un alumno no aprende con miedo, ¿podrá un profesor enseñar, si está tan asustado? Share this:StumbleUponDiggRedditTwitterMe […]

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