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¡Que eduquen los padres!

Posted on: 18 enero 2010

Que eduquen los padres, la educación es cosa de las familias o, al instituto han de venir educados de casa, son maneras diferentes de expresar una misma idea que escuchamos con frecuencia en salas de profesores, claustros, y reuniones de coordinación o de evaluación.

Educar. Qué poco nos gusta la palabreja, y cómo renegamos de ella cuando hablamos de competencias docentes; es decir, del trabajo que los profesores debemos realizar en las aulas, y de nuestra habilidad para ejercerlo de manera eficaz. De qué mala gana admitimos que educar forma parte de nuestra tarea docente, sobre todo en la etapa de Secundaria.

Sin embargo, todo cuanto se relaciona con nuestra profesión viene etiquetado como “de educación”: el Ministerio que legisla en el ámbito estatal, las Consejerías en el autonómico, las Direcciones Territoriales de cada provincia, las Concejalías en los municipios, o la Inspección que se ocupa de cada centro de trabajo. También es educativo el sistema que nos integra, las leyes que lo regulan, y el sector laboral al que decimos pertenecer.

Una lamentable contradicción, y un error de percepción respecto a la  función de los docentes en la sociedad, que achaco a dos cuestiones principales:

– Una parte importante del profesorado de Secundaria todavía rechaza la idea de que los institutos escolaricen a alumnos que no han decidido estudiar de manera voluntaria, a pesar de los años transcurridos desde la implantación de la LOGSE, y de la segura irreversibilidad de la medida de escolarización obligatoria hasta los dieciséis años, que se ha mantenido en leyes posteriores.

– No asumimos que los objetivos que se plantean ahora muchos de nuestros alumnos no son los mismos que se planteaban la mayoría de alumnos del antiguo BUP. No todos piensan en la universidad y, para muchos de ellos, el Bachillerato, o cualquier otro tipo de estudios, no es un objetivo prioritario; su meta, en el mejor de los casos, es conseguir el título de Graduado en Secundaria, o esperar a cumplir la edad reglamentada para dejar el instituto.

Los cambios legislativos registrados en los últimos años no han modificado de manera significativa el modelo de formación inicial del profesorado, ni han reformado, como hubiera sido deseable, el sistema de acceso a la función pública docente. Como consecuencia, muchos profesores continúan aplicando metodologías que pudieron resultar eficaces en su momento, pero que en la actualidad no son las más adecuadas para atender las necesidades de una sociedad y alumnado distintos.

Educar era entonces compentencia de la familia y de la escuela primaria, de padres y maestros, pero no era un objetivo prioritario del instituto, ni del profesorado del mismo, puesto que los alumnos habían elegido estar allí de manera voluntaria.

Ahora que las cosas han cambiado, podemos empeñarnos en mantener un modelo obsoleto, contrario incluso a lo que plantea la legislación vigente, pero fracaseremos todos, no importa las reformas educativas que se promuevan, ni los pactos  que se alcancen. Las familias son las primeras y máximas responsables de la educación de sus hijos, sí. Pero escuelas e institutos tienen también un papel fundamental que jugar en este trabajo de formación integral de las personas que atienden, y no pueden renunciar a su obligación como agencias educadoras.

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7 comentarios to "¡Que eduquen los padres!"

Yo quiero ser profesor para ir tres o cuatro horas al día al instituto, soltar a unos alumnos dóciles y silenciosos todo el saber que he acumulado durante la carrera, rellenar unos papeles -los justos, eso sí- en los que justifique lo mucho que me he esforzado en clase y, allá a principios de junio, tumbarme al sol. Todo lo demás es culpa de la LOGSE, de los padres, del sistema, de los niños, etc.

Quisiera hacer algunas puntualizaciones al artículo, pasando por alto el fácil y demagógico comentario que me precede:

1.No me parece un argumento sólido aludir a la denominación de un ministerio y sus derivaciones administrativas, fruto de otros intereses, para justificar el contenido del trabajo del profesorado. Em Ministerio de Instrucción -de los llorados tiempos de la República- o el de la Guerra tal vez respondían más a la realidad que los actuales. Quizás con el Ministerio de Defensa se vea más claro…
2.No me parece, como se afirma, que una parte importante del profesorado esté en contra de la escolarización obligatoria, sino en contra, más bien, de un modelo que impide que quienes desean aprender lo hagan, basándose en un modelo comprensivo que sólo funciona en la teoría. Basta abrir los ojos con lo que sucede en las aulas.

3. No todos los alumnos del antiguo BUP no estudiaban para acceder a estudios universitarios, sino también para tener un título. Como ahora.

4. Las metodologías del profesorado han de actualizarse, no lo discuto, pero la frase hueca hay que dotarla de contenido: aprender a aprender, constructivismo, etc son teorías que no parecen tener los resultados esperables y la ciencia de la educación, a muchos, se nos antoja simplemente especulativa.

5. la obsesión por la educación y los palabros como “agencias educadoras” son, a mi modo de ver, prueba de que la enseñanza ha perdido su orientación primera, básica y fundamental: Instruir.

Totalmente de acuerdo con “Un enseñante”.
A Toni basta decirle que las Oposiciones a Primaria y a Secundaria son libres.

Saludos

Amigo “un enseñante”, agradezco tu comentario, pero no comparto tu exposición. Es más, me ofreces un argumento extra para reivindicar la educación como aspecto fundamental en la formación que debemos ofrecer a nuestros alumnos, dando por hecho que instruir forma también parte de nuestro trabajo.
El comentario de Toni está cargado de ironía, una habilidad en la que podemos ser educados, pero difícilmente instruídos. Denota inteligencia, y una elevada capacidad de análisis y reflexión crítica que muchos agradecemos. Seguro que la formación que cada cual hemos recibido hace que nos sea más o menos fácil interpretar mensajes como el suyo. Veo que a ti te ha resultado difícil, por lo que te animo a pinchar en su enlace, descubrirás que no tiene por costumbre ser demagógico, ni apostar por lo fácil.
El “comentario administrativo” de mi artículo va en la misma linea.
Respecto al apartado 2 de tu comentario, una reflexión. Dices que sólo hay que ver qué sucede en las aulas para darse cuenta de que el modelo no funciona. Imagino que tu mirada se dirige sólo al alumnado, pero en el aula también estamos los profesores, y alguna responsabilidad tendremos en lo que allí suceda. Estoy dispuesto a admitir las dificultades que presenta la comprensividad, pero no sé si podemos afirmar que el modelo ha fracasado. ¿Alguna vez se ha puesto en práctica? ¿No será que enfrentamos un modelo distinto con los argumentos de siempre?
Dotar o no de contenidos una teoría está en manos de quienes la llevamos a la práctica. El problema lo planteas tú mismo muy bien “…la ciencia de la educación, a muchos, se nos antoja simplemente especulativa”. Y, en función de esta percepción particular, decidimos seguir a lo nuestro, sin aceptar propuestas distintas a las que siempre hemos desarrollado, sin modificar un ápice nuestra manera de enfrentarnos a la realidad del aula, que no es la misma que hace veinte años. Y luego diremos que el modelo fracasa.
Finalmente, desde el respeto que me merece tu opinión, no puedo menos que mostrarme en total desacuerdo con tu última afirmación. Espero que no te resulte excesivo si hablo del proceso de enseñanza-aprendizaje (debes verlo como otro palabro más), un proceso que, en mi opinión, debe incluir instrucción y educación.
Un saludo. También para Juan, cuyo comentario agradezco.

Ante todo, gracias por tu respuesta. Quisiera aclarar y precisar algunos extremos a tenor de tus palabras.
En primer lugar, mi opinión sobre el comentario de Toni, es únicamente eso: una opinión sobre su comentario, no sobre su espléndido trabajo en el blog. Desde mi punto de vista, no aporta nada a la discusión que nos ocupa: en tus palabras “el papel fundamental de la escuela en la educación”, sino que apunta a otra crítica, perfectamente legítima y que podría compartir en bastantes casos. Aquí, sencillamente, no tiene lugar, a menos que intentemos mezclarlo todo.
Por otra parte, no entiendo, será un problema educativo de mi niñez, claro, tu frase: “me ofreces un argumento extra para reivindicar la educación como aspecto fundamental en la formación que debemos ofrecer a nuestros alumnos, dando por hecho que instruir forma también parte de nuestro trabajo”. Y es que no sigo el hilo que lleva que asuma el centro del trabajo del profesor como instructor (esa limpia palabra, que dice Ferlosio) a la reivindicación de la educación como aspecto fundamental, etc.
El modelo no funciona y las causas pueden ser variadísimas. comparto contigo esa mirada crítica hacia el trabajo del profesor y en ningún momento he pretendido descargar de culpa a su labor, mánifiestamente mejorable, únicamente he hecho hincapié en lo que considero el núcleo del problema, su punto de partida: agrupar a alumnos en un aula, diversos, protagonistas del aprendizaje, algunos con conductas impropias de un aula, disruptivas, si te parece más científica la expresión,y pretender compartir con ellos conocimientos. Lo demás: metodología (no me olvido, pues, del profesor), medios y Tics varias depende, en mi opinión, de ese punto de partida.
Que esto se critique no significa, de ningún modo, ni que uno defienda al profesorado ante todo, ni la pretensión de que los métodos sean inamovibles ni que se trabaje como hace 20 años en “la realidad del aula”. Que opine de modo diferente no supone que debamos “seguir a lo nuestro” y despreocuparnos en la tumbona de la playa de Toni. La prueba de ello es que intercambiamos opiniones y nos preocupamos, quienes pensamos de otro modo, de compartirlas con quienes discrepan.
Eso no significa que queramos continuar “sin modificar un ápice” nuestra forma de trabajar.
Y volviendo al tema, perdona el rollo, y resumiendo, creo que la educación es untraje que nos viene un poco grande cuando ni siquiera nos hemos puesto la ropa interior de la instrucción

Agradezco tu tono en esta discusión, que me apetecería continuar más allá del limitado espacio de este blog.
Esta vez sí estoy de acuerdo contigo en algo: “el modelo no funciona y las causas pueden ser variadísimas…” Ése es el problema, que no habíendo un único motivo, casi siempre se achaca el fracaso del modelo a uno solo de los protagonistas implicados: el alumno. Y, en función de esa supuesta realidad establecemos medidas y estrategias de actuación. Él es quien no se esfuerza, no estudia suficiente, ni se interesa, molesta, impide que otros estudien, etc. No entramos a valorar qué parte de responsabilidad tenemos los demás implicados en el proceso en ese comportamiento. Ni nos coordinamos, para ver la manera de evitarlo.
Hablas del problema de la diversidad, que es algo que nos preocupa, y, en muchos casos agobia. Pero es que somos diversos, y es imposible conformar clases con un índice de homogeneidad como el que, sospecho, más de uno desearíamos. Sería, además, en mi opinión, injusto.
Creo que todos hemos tenido la experiencia de alumnos poco estudiosos que han cambiado de actitud cuando se les ha colocado en grupos de alumnos más trabajadores, se han tomado las medidas adecuadas de atención, no sólo a nivel de centro, y se les ha animado en su trabajo.
También conocemos alumnos a los que, sin ser “malos”, pero sin alcanzar el nivel que alguien ha decidio para estar en una clase u otra, se les ha colocado en grupos conflictivos; estos sí, muy homogéneos. Y se han perdido definitivamente.
No me tomes por demagogo, que no pretendo serlo, pero siempre que me encuentro con un alumno como el que apunto en este segundo caso, me pregunto qué me gustaría que se hiciera con él si fuera mi hijo.
¿Por qué hemos de sentenciar al fracaso a una persona a la edad de catorce años, o antes?
Puedo admitir que faltan medios, sobre todo personales, para atender adecuadamente al alumnado disruptivo, ése que joroba las clases, impide que los demás estudien y, por tanto, hay que apartar, pero creo que estarás de acuerdo conmigo si digo que, con los medios que tenemos, no hacemos lo suficiente.
Recordarás, si has leído el libro, este párrafo de Daniel Pennac, en “Mal de escuela”:
«Los profesores que me salvaron -y que hicieron de mí un profesor- no estaban formados para hacerlo. No se preocuparon de los orígenes de mi incapacidad escolar. No perdieron el tiempo buscando sus causas, ni tampoco sermoneándome. Eran adultos enfrentados a adolescentes en peligro. Se digeron que era urgente, se zambulleron. No lograron atraparme. Se zambulleron de nuevo, día tras día, más y más… Y acabaron sacándome de allí. Y a muchos otros conmigo. Literalmente, nos repescaron. Les debemos la vida”.

Completamente de acuerdo y gracias por el tiempo dedicado a responderme y, por supuesto, al blog. Seguiré leyéndote y participando en esta tarea común. Un saludo

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