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¿Y, además de indignación, qué?

Posted on: 22 julio 2009

La sociedad española no tardará en olvidar la violación de las dos niñas andaluzas por parte de varios  menores. Toda la tinta vertida estos días, las portadas en los periódicos, la cobertura en radio y televisión, la masiva movilización de blogueros, todos compitiendo por escribir la frase que mejor y con más contundencia expresara la vergüenza y el espanto que sentimos ante estos hechos dramáticos, darán paso a la más absoluta indiferencia. El insoportable caso Gürtel, los primeros goles de Ibrahimovich en el Barcelona, o Ronaldo en el Madrid, y los últimos coletazos de la polémica ley de financiación autonómica, harán que todo vuelva a la normalidad.
Los análisis sobre los motivos por los que niños de trece años se comportan de manera tan violenta, el debate abierto sobre la necesidad de rebajar o no la edad penal de los menores, las propuestas de sanción que cada cual ha formulado estos días, y la búsqueda de responsabilidades más allá de las imputables a los propios menores, quedarán aparcadas hasta una próxima ocasión.grupo de amigos
Quienes trabajamos en la enseñanza sabemos que existe la posibilidad cierta de que hechos como estos vuelvan a suceder. La sospecha se basa en la infinidad de “pequeños incidentes” que cada día se producen en las aulas y patios de nuestros centros escolares, relacionados con una mala interpretación de lo que deben ser las relaciones de igualdad hombre-mujer, y con una percepción errónea de los roles que cada cual parece tener, más que asignados, impuestos.
Por este motivo, hay quienes pensamos que, con independencia de la labor que la justicia pueda o deba ejercer, la solución de este problema no será posible sin contar con la educación, entendida no sólo como actividad que se desarrolla en el ámbito académico, sino como trabajo de colaboración entre la escuela y la familia.
Los gobiernos, tanto centrales como autonómicos, tienen asignada una tarea fundamental en este modelo que planteo, ya que son ellos quienen deben legislar para hacer posible un sistema educativo consensuado y duradero, que priorice entre sus objetivos la educación moral y cívica de los alumnos, bien dotado de medios personales y materiales para su correcto desarrollo, y que arbitre las medidas de conciliación laboral y familiar necesarias para que los padres puedan relacionarse mejor con sus hijos y atender a sus obligaciones para con el centro educativo.

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4 comentarios to "¿Y, además de indignación, qué?"

Totalmente de acuerdo con la reflexión que haces. Si no se repiten sucesos como los de Baena e Isla Critina, caerán en el olvido a pesar de que todos los días se produzcan incidentes con menores en sus casas, en el círculo de amigos o cuando vuelvan a abrirse lso centros educativos.

Estoy convencido que ni la mejor legislación ni la más dura de las leyes podrán impedir que se repitan situaciones como las que nos han conmovido a todos.

Sólo añadir. Quizá no se ha reparado lo suficiente en que estamos ante uncaso evidente de violencia de género.

Gracias por tu aportación, Júcaro, creo que coincidimos bastante en el análisis que realizamos de los hechos. También en las conclusiones que puden extraerse de los mismos.
La pena de muerte, o la cadena perpetua, no elimina los crímenes que se producen en los países en los que todavía está vigente. Aun a riesgo de abrir un debate distinto, deberíamos considerar si una sanción es más o menos justa en función del daño que produce al causante del delito.
Podemos rebajar la edad penal del menor hasta el punto de imaginar guarderías penitenciarias, pero creo que sería más razonable aprovechar los centros educativos que ya tenemos, para ofrecer una educación de calidad, adecuada a las necesidades de formación de los ciudadanos, y a las demandas de la sociedad actual. Nunca olvido el papel de las familias en este proyecto.
Finalamente, Júcaro, sin duda nos encontramos ante una manifestación más de violencia de género, una conducta aprendida que, para ser justos con las personas que la han desarrollado, además de aplicarles las sanciones que corresponda, deberemos ayudarles a modificarla, a través de la educación. Todavía más si se trata de niños.

Totalmente de cuerdo, Juan Pedro. Si la cárcel, el castigo penal, tiene como objetivo final el de la reinserción social tal y como se expresa en la Constitución, ¿qué otro fin se puede demandar del castigo que se imponga a los menores de edad?

Tengo la imprsión que todos no lo tienen tan claro y que precisamente en los sectores más propensos a apropiarse de la Constitución, es donde más se elude ese mandato constitucional.

No sé qué pasó el comentario de ayer. Tods debemos sentirnos responsables de lo que ha ocurrido y actuar cada uno en nuestra “parcela”

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