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Partir de lo que se sabe

Posted on: 10 febrero 2009

No era un grupo fácil, catorce chicos y chicas de quince años, alguno camino de los dieciséis. Habían repetido en primaria, en 1º de secundaria y, ahora, repetían 2º de E.S.O. No tenían claro por qué se les obligaba a asistir a clase, si lo único que hacían era perder el tiempo y cabrear a los profesores, que ya no sabían qué hacer con ellos.

A veces me escuchaban, mientras les pedía en Inglés que sacaran los libros de la mochila y los abrieran en la página que tocaba. Me hacían repetirlo: “¡Dilo otra vez!”, y algunos no podían aguantar la risa cuando me veían gesticular, intentando que comprendieran lo que decía.

Llegados a este punto, se iniciaba una lucha por ver quién conseguía hacer oir su frase, para que yo la tradujera. “A ver cómo dices…”, “No, no, no, primero la mía, a ver cómo se dice…”, “Venga ya, ¿qué quiere decir…?”

Me olvidé de los libros, que la mayoría había comprado y ninguno podía seguir, y recurrí a trabajos con cartulinas, revistas y periódicos, cámaras de fotos, con las que luego componíamos fotonovelas, y cualquier cosa que sirviera para manterner su interés y no les dejara un segundo libre, sin nada que hacer.

Construímos cartones de bingo y fichas que luego plastificamos. Y jugábamos. En una de las versiones escribimos en cada casilla una sencilla operación matemática, que pensé que les resultaría estimulante resolver para encontrar el número que se cantaba. “Twenty-four”, casilla 6×4. “Eight”, casilla 13-5. Y así, sucesivamente.

Iniciamos el juego, y todo parecía ir bien hasta que, para mi sorpresa, agoté los números sin que nadie cantara bingo. Y había cuatro cartones que se debían haber completado. ¿Qué había pasado? ¡Sorpresa! Entendían los números, pero eran incapaces de realizar la operación.

Lo comenté con la tutora, profesora de matemáticas que se ponía de los nervios cada vez que le tocaba entrar en esta clase, porque no conseguía que la escucharan, ni que realizaran un solo ejercicio de los que les pedía. Aunque los problemas de convivencia en el grupo habían aumentado, no pareció conceder importancia a lo que le contaba, y me comentó que, en cualquier caso, ella tenía que cumplir con un temario de 2º y no pensaba hacer de maestra de primaria.

Faltaban un par de semanas para Navidad y se dió de baja. Ya no volvió al centro.

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