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¡SORPRENDENTE!

Posted on: 12 noviembre 2008

Leo en El Pais que el Consejo General del Poder Judicial estudia cómo retirar del servicio a los magistrados con capacidades (mentales, supongo) mermadas, lo que supone reconocer que hay jueces con los que más vale que no tengas que vértelas nunca, porque te la pueden liar.

Quienes siempre habíamos pensado en ellos como modelo de ecuanimidad, sapiencia, rectitud, criterio y proceder intachable no salimos del asombro, resulta que también los hay “con especiales circunstancias médicas que afectan a su persona”, y gracias que no están locos.

¡Cielos! Ya nada es como antes. Esta crisis que sufrimos parece arruinarlo todo. ¿Se imaginan que también los médicos pudieran verse afectados por semejante dolencia? No quiero ni pensarlo, desnudo sobre una mesa, ante un mermado señor que oculta en parte su rostro, con un bisturí en la mano, presto a seccionar sin tiento ese apéndice inflamado. (¡Oh!)

¿Y si fuera un profesor?, ¿los habrá también mermados? Bueno, seguro que no, aunque el daño aquí es menor, un niño lo olvida todo cuando se hace mayor.

Hablamos de funcionarios, y sería conveniente encontrar una solución; la formación inicial, la competencia, el criterio, la sapiencia, el interés, el proceder intachable, el rigor en el trabajo, el buen hacer, y otras muchas actitudes necesarias para quien sirve a los otros en su quehacer cotidiano deben ser evaluadas, ya que no las garantiza de por vida un cinco en la oposición.

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2 comentarios to "¡SORPRENDENTE!"

Estoy de acuerdo, nada es como antes. Lo verdaderamente importante es sobrevivir, o vivir en el mejor de los casos, tanto particular como profesionalmente. Si bien es cierto que encontrarse con jueces con sus capacidades mermadas, las cuales no tienen porqué ser mentales, también pueden ser profesionales, puede acarrear un descalabro judicial de órdago, y de consecuencias impredecibles, los médicos trabajan con vidas humanas, por lo que las incompetencias de éstos pueden traer disminución en la calidad de vida, la salud o incluso puede tener consecuencias trágicas, en aquellos pacientes que tengan la desgracia de encontrarse con estos “profesionales”. Pero los incompetentes no terminan ahí, ¿y si hubiera maestr@s, profesor@s (como bien dices), directiv@s, polític@s, etc… que padecieran la misma “enfermedad”? ¿Cuáles serían las consecuencias de sus actos irresponsables o poco profesionales? Hablas de los profesores, y dices “seguro que no”. Creo que TÚ, permíteme que te tutee, como profesor que eres, y con la experiencia que tienes, callas, y creo que no es bueno. Profesionales con sus capacidades mentales o profesionales mermadas hay en todos los estamentos laborales, y el cuerpo de profesores no es una excepción. Los hay, algunos con más responsabilidad que otros, y con el consentimiento de quien es responsable último de su trabajo, la CONSELLERÍA. Creo que tampoco valoras en su justa medida cuales pueden ser los efectos nocivos sobre los alumnos, porque aunque los niños olvidan con facilidad, “un niño NO lo olvida todo cuando se hace mayor”, y también tienen en estos “profesionales” un ejemplo, pésimo, eso si, al que mirar.
Utilizando un párrafo tuyo:
“Hablamos de funcionarios, y sería conveniente encontrar una solución; la formación inicial, la competencia, el criterio, la sapiencia, el interés, el proceder intachable, el rigor en el trabajo, el buen hacer, y otras muchas actitudes necesarias para quien sirve a los otros en su quehacer cotidiano deben ser EVALUADAS, ya que no las garantiza de por vida un cinco en la oposición.”

Estoy de acuerdo, un cinco en una oposición no asegura un cinco de por vida en la función laboral a la que se dedique. Ahora bien, ¿quién tiene que realizar esa evaluación? ¿Aquellos “para quien sirve en su quehacer cotidiano” o aquellos que han dado por bueno ese cinco de por vida y que permiten, consienten y son corresponsables de su situación laboral?.

En fin, creo que a pesar de todo y de tod@s, tratamos de realizar nuestro trabajo de la forma más profesional posible y extraer el máximo rendimiento de aquellos que hoy son nuestros alumnos, pero a los que estamos educando para que sean nuestros dirigentes en un mañana no tan lejano, con la esperanza de que sean mejores gobernantes que los actuales.
Un saludo.

Firmado:
Un profesor (o al menos esa es la intención).

Suscribo cuanto dices, también existen docentes “mermados” profesional o mentalmente, como en cualquier otro colectivo, y el daño que podemos causar a los niños y adolescentes con los que trabajamos es, en ocasiones, irreversible. Determinadas experiencias vividas dejan una huella profunda en el subconsciente, nunca se olvidan, aunque hayas crecido y creas no recordarlas.

Mi comentario, aunque creo que no lo he conseguido, pretendía críticar con ironía una actitud que me parece bastante generalizada entre el colectivo docente, empeñado en culpar de los fracasos a los demás, y aceptando pocas veces la parte de responsabilidad que nos corresponde en los mismos. Parece que entre nosotros todo es perfecto, si un alumno no tiene éxito es porque no estudia suficiente, porque su familia no se interesa bastante, o porque la administración nos ningunea. Seguro que una parte del fracaso en el proceso de aprendizaje del alumno se debe a todo eso pero, ¿qué papel jugamos nosotros entonces?, ¿sólo estamos dispuestos a admitir nuestra influencia cuando se tiene éxito?
Estoy rodeado de un manojo de grandísimos profesionales que, con mayor o menor acierto, pero con absoluta voluntad de entrega, intentan cada día dar lo mejor de su parte para ayudar a sus alumnos, pero también existe una bolsa muy importante de mercenarios de la enseñanza que, como tú dices, sólo intentan sobrevivir, sin que les importe tanto en qué condiciones viven los demás.
Tienes razón, habría que hablar, pero no siempre resulta tan fácil; de hecho, en ocasiones es incluso más conveniente callar. Ahora bien, cuando la situación ya resulte insoportable y nada pueda o quiera hacerse, deberían marcharse quienes tienen algún poder de decisión, o una responsabilidad mayor en función de su cargo.
Respecto a la evaluación que propongo, me parece lógico que quienes se pasan el día evaluando a los demás puedan ser también evaluados, y que esta evaluación tenga consecuencias en cuestiones como el sueldo, los concursos de traslados, la posibilidad de mejorar profesionalmente, etc.
¿Quién evaluaría? Los usuarios del servicio y quienes pagan por mi trabajo.
Un abrazo

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