Posteado por: Juan Pedro Serrano en: 17 enero 2012
Tuve mis primeras dudas serias sobre religión a los once años. Todas las tardes, después de clase, don Vicente, el cura del pueblo, nos llevaba a la iglesia a rezar un rato. Preparábamos los exámenes libres de primero de bachillerato, y nos había asegurado que con la Virgen de nuestra parte no había prueba que temer.
Sin embargo, un par de meses antes de la convocatoria de Junio, nos reunió en su despacho para advertirnos que no aprobaríamos ninguno, si no estudiábamos más. Alguien preguntó: “¿y la Virgen?” Me guardaré su respuesta.
Experiencias posteriores no ayudaron a clarificar mis dudas, cada vez más numerosas y profundas. Mi alejamiento de la Iglesia resultó definitivo.
Busco ahora, en tiempos de crisis, una señal que me lleve a la reconciliación con Ella, pero no encuentro ninguna. Ni una palabra de apoyo a las más de cien familias que se quedan en la calle por desahucio cada día, ni una manifestación en defensa de los millones de obreros que han perdido su trabajo, ni la mínima censura a un sistema sin entrañas que oprime a los pobres y ensalza a los ricos. Los jerarcas de la Iglesia, siempre con los poderosos.
Mientras la miseria campa a sus anchas por doquier, los mercaderes se adueñan del templo, sin miedo a que los expulsen. ¿Y los ministros de Cristo? Siguen con sus obsesiones, con sus cruzadas de siempre: sexo, homosexualidad, aborto, fornicación. Y con su amor al dinero.
La Iglesia pasa de crisis, la Iglesia pasa de pobres.
Y si hace tanto que pasas de ella, … ¿Qué sabes lo que ella hace por los pobres?… Es fácil hablar sin saber… , ¿Acaso hablaste con todos los pobres para saber quién les ayudó a comer aquel día, a vestir la ropa que llevan?..
Mirar al mundo y equilibrar con pensamientos, es realmente fácil… quizá si cada persona ayudase a todo aquel por el que siente esa lástima todo estaría solucionado, y sin embargo, la iglesia ayuda, créeme que lo hace.
Es posible que algo haga por los desfavorecidos, pero muy lejos de sus propios preceptos e ideales. De hecho es un negocio fascinante lleno de prebendas y favores, como la exención del IBI de unas más que dudosas propiedades, o el dinero que recibe del Estado, argumentando un número de creyentes ilusorio. Ilusorio digo porque pone un montón de resistencias a quienes queremos borrarnos de sus listas.
Por no hablar del execrable silencio impuesto para tapar los infinitos abusos a menores. Lo que les convierte en cómplices.
Y a quienes dentro de la Iglesia preconizan otras vías, más acordes con el socorro de la pobreza, los sacan rápidamente de la circulación.
En cambio se les hace la boca grande para imponer a los demás, creyentes y no creyentes, sus propias pautas: que si no al condón, que si el aborto es un crimen, que los homosexuales están enfermos, etc, etc.
Puede ser que haya gentes de buena fe en la Iglesia. Me consta que la hay, pero sus jerarcas les hacen un flaco favor a los que siguen las enseñanzas de su maestro. Cada vez es más hondo el abismo entre la doctrina evangélica y las actitudes de la jerarquía vaticana. No es ético predicar lo que no se cumple.
No es religión de perdón la que acusa, persigue y ataca a teólogos como J. Sobrino, superviviente de la matanza de jesuitas en El Salvador y mártir silenciado por la Inquisición de la Iglesia.
No es religión de los pobres la de quienes pelean en despachos y calles encabezando manifestaciones que sólo persiguen conseguir más dinero a costa de nuestros impuestos o más prebendas en la enseñanza para difundir su ideología en un país aconfesional.
No es creíble una moral hipócrita que condena a los homosexuales y tolera y oculta a los clérigos pederastas.¡Ay de quien escandalice a un niño!, dijo su maestro.
La iglesia está en parroquias humildes, en teólogos perseguidos, sensibles a un mundo nuevo y en obispos como Casaldáliga que dejan sus palacios para vivir con los pobres.Se trata de exigir justicia y no taparla con caridad.
Ya lo dijo Cristo: “¡Ay de vosotros, fariseos, que limpiáis por fuera la taza y el plato, mientras por dentro estáis llenos de rapiña y maldad. Violáis el mandamiento de Dios para conservar vuestra tradición. Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello!”
Totalmente de acuerdo con Juan Pedro y con A. Perez. Me considero no creyente, desde que en el Instituto, cuando estudiaba Bup el profesor de religión nos hablaba del Tercer Mundo y venía a clase con sus anillos de oro (solitario con diamante, sello y cochazo en la puerta). Predican con el ejemplo. Y un largo etcetera de pederastia entre el clérigo, y estos son los que nos dan lecciones sobre el aborto, la homosexualidad y otras cuestiones. Que se dediquen a trabajar y subsistir y no ser otros chupopteros del Estado “aconfesional”. Que ellos no pasan ninguna pena, ni ninguna crisis…
Yo soy también soy iglesia y como otros muchos entrego el 10% de mi sueldo a proyectos sociales y de cooperación, soy voluntaria en un proyecto de alfabetización de emigrantes y abro mi casa a quien lo necesita de verdad. Tú ¿qué haces?
Coincido con tu opinión. Veo a la Iglesia, como siempre, lejos de la gente más pobre. Coincido también con todas las opiniones de las personas que han comentado antes que yo, Anónimo incluido. Él opina así porque él es así, como su iglesia: prepotente, seguro, humillante, habla de “lástima” y de “ayuda”, igual que la iglesia. Representa esa forma de pensar y de ser.
Por muchas oficinas de Caritas que abran no van a solucionar el problema de la gente que no tiene nada. Se solucionará cuando quienes tienen el micrófono, y la iglesia lo tiene cada domingo en la Misa Mayor, denuncien la injusticia de un sistema que hace a la gente rica, cada vez más rica y la pobre, más pobre.
Yo que sí que voy a misa los Domingos (Parroquia Nuestra Señora de los Álamos, Madrid) que oigo al cura hablar de los necesitados en estos tiempos, que veo a las hermanas dar comida a los más desfavorecidos, me pregunto, ¿Tú has ido alguna vez a la iglesia Juan Pedro Serrano?, me da la impresión por tus comentarios que no, o que si vas te duermes, y créeme, nadie se aburre más que yo durante misa, pero voy a rezar por los demás(y por mi claro) y doy lo que buenamente puedo, aunque conozco a un abuelo que va religiosamente a por su paquete de comida, y sé que tiene dinero, pero bueno, gente así la hay en todos sitios.
Una anécdota te voy a contar, este verano cuando se celebró la jornada mundial de la juventud, pasaron unos “indignados” por delante de la iglesia a la que voy, todos con sus pancartas, sus rastas, sus porros y sus litronas, y empezaron a recriminar al cura que por que alimentaba y daba cobijo a los ricos(sí, según ellos los chavales que venían de otros países eran todos ricos), entre insultos grotescos, a lo que el cura les dijo, “entrad si queréis y os preparo un bocata”, pero claro todos ellos tienen una ideología que les inculca el odio a la iglesia y la falta de respeto hacía todo aquel que no tenga sus ideales, son incapaces de ver la gran labor que hace la iglesia hacia los más desfavorecidos como Caritas
1 | Nicolás
17 enero 2012 a 1:41 pm
Una misa con ricos es mucho más lucida.