Posteado por: Juan Pedro Serrano en: 14 septiembre 2011
La respuesta, en mi opinión, es clara: sí. La búsqueda de la felicidad debería figurar como objetivo prioritario en la programación de cualquier departamento, constituir la esencia del reglamento de régimen interno, erigirse en guía de las actuaciones del profesorado, principio orientador del trabajo del tutor, pasión que inunde de vida el centro educativo.
Hoy iniciamos un curso nuevo; volveré a preguntar a mis alumnos, como hago todos los años, qué esperan de estos meses que pasaremos juntos en el instituto. Sus respuestas suelen ser siempre las mismas, varían solo en función del interés de cada cual, la sinceridad con la que se expresan, o lo políticamente correctos que han aprendido a mostrarse. Pasármelo bien, que no nos machaquen a deberes, conocer nuevos amigos, aprender, estudiar, aprobar, pasar de curso, no tener problemas con nadie, llevarme bien con los compañeros, son algunos de los deseos que más se repiten.
Inevitablemente, siempre hay alguien que me pregunta: ¿y tú, qué esperas de este curso? Mi respuesta tampoco varía de un año para otro: con vuestra ayuda, aspiro a ser feliz.
En honor a la verdad, he de decir que no siempre lo he conseguido; en alguna ocasión, reconozco que incluso me ha costado convencerles de que hablo en serio cuando les planteo semejante deseo, tal vez porque no es el discurso típico que los alumnos esperan de sus profesores; pero, en cualquier caso, la búsqueda de la felicidad en el trabajo propio y en el de ellos nunca ha dejado de ser objetivo fijo en mi programación.
Ya sé que hablo de un concepto relativo, de un estado de ánimo subjetivo, y sé que los motivos por los que nos sentimos felices son diversos, mucho más cuando se trata de lidiar con intereses concretos de profesores y alumnos (¿no deberían ser los mismos?). Sin embargo, de la misma manera que intentamos, y a veces conseguimos, transmitir al alumnado la pasión que sentimos por la asignatura que impartimos, también deberíamos ser capaces de contagiarles nuestras ganas de ser felices y de que ellos mismos lo sean.
Martín Garzo, escritor Vallisoletano, señala, en una entrevista que no hace mucho he leído, que la verdadera escuela es la felicidad, y pone en boca de Héctor Abad Gómez, el intelectual Colombiano asesinado hace años por fuerzas paramilitares, esta interesante reflexión: “si quieres que tu hijo sea bueno, hazlo feliz, si quieres que sea mejor, hazlo más feliz“.
¿Nos vale también para la escuela?, ¿sería más agradable enseñar y más fácil aprender?
Os deseo un curso muy feliz a todas y a todos.
Estoy completamente de acuerdo. Vuelvo a las aulas después de tres años en un centro de formación de profesores y precisamente ese es el mensaje más repetido por todas las pedagogías innovadoras: ir a las aulas para disfrutar, ellos y nosotros. Parece algo inalcanzable desde la perspectiva de la mayoría de nosotros, tanto de profes como alumnos. La enseñanza ya no está teñida de sangre como decía el antiguo refrán ni de golpes de regla, pero sigue siendo para ambas partes una especie de lugar de tortura, de no-lugar al que ni unos ni otros van contentos. Y resulta que está demostrado que un niño ( y un adulto también) contento, mejora tremendamente su nivel de comprensión y aprendizaje. Y eso quiero hacer, estar contenta con mi trabajo y que mis alumnos lo estén, porque en esta sociedad de consumo y materialismo, se nos olvida ese objetivo principal: ser felices con lo que haces, ser felices cotidianamente, en cada momento de nuestra rutina, aprendiendo y enseñando unos de otros. Voy a introducir cambios en mi metodología, hacer las clases más participativas, dejar en lo posible los libros de texto y construir entre todos nuestro proceso de aprendizaje. Todo un desafio, pero no me siento sola porque ahora conozco a muchos otros compañeros que están haciendo lo mismo. En Italia por ejemplo, le llaman la autorreforma gentil. No se puede estar a expensas de lo que te de o deje de dar la administración. Mi felicidad y la de mis alumnos está por encima de eso y dependerá en gran medida de lo que nosotros hagamos cada dia. Buen curso y que la felicidad inunde vuestras aulas.
Buen inicio de curso para todos/as!!!
Me gusta mucho este blog y las opiniones de los participantes. Me lo ha pasado mi compañero Jordi Sánchez Coronado, también profe. Estoy de acuerdo con lo leído- la felicidad está en nuestras manos y en las de nuestros alumnos/as. A ellos les cuesta darse cuenta de que conseguirlo está en nuestro círculo de influencia… pero esa es la tarea que tenemos por delante. Me agobia un poco la parte de la integración de nuevas tecnologías en el aula, pero me acostumbraré a cogerle el gusto. Felicidad a raudales!!!
María Jesús
1 | Pedro
14 septiembre 2011 a 6:48 pm
Gracias, igualmente.
Aunque con la que está cayendo cada vez nos lo ponen un poco más difícil. Pero sí, habrá que intentarlo.