Posteado por: Juan Pedro Serrano en: 5 septiembre 2011
Nada tiene que ver con el fin del verano y el inicio del curso. Tampoco está relacionado, aunque sin duda influye, con los exámenes en blanco o los no presentados que suspendieron en junio.
Me irrita, sobre todo, el folclórico protagonismo de la educación en estos días: los grandes almacenes, las ofertas de libros, la compra de uniformes, las noticias banales en prensa y un sinfín de insulsos reportajes sobre angustiados padres que esperan ansiosos que se abran los centros.
A estas tradicionales e intrascendentes “novedades” se añade este año el acoso político al profesorado, una sarta de ofensivas y estúpidas declaraciones de gente irresponsable que nos denigra, acusándonos de vagos, inconscientes, insolidarios, preocupados solo por preservar nuestros intereses particulares.
El objetivo de tan infame comportamiento es claro: enfrentar la opinión pública al profesorado, justificar su propia ineptitud en la gestión de lo público y defender un modelo social y económico discriminatorio, que ahonda en la desigualdad y recorta derechos ciudadanos, también el derecho de todos a una educación digna y de calidad.
Mientras una pila de exámenes, trabajos de verano y libros de vacaciones me retienen en casa todo el fin de semana, politiquillas de a cuarto me calumnian, difaman, y trasladan a la sociedad que tanto necesita al profesorado, y cuyo apoyo tanto necesitamos, una idea interesada, negativa, falsa de mi trabajo.
¿A quién beneficia el desprestigio docente?, ¿a quién interesa una educación cada vez peor?, ¿a quién favorece un pueblo poco y mal formado?
A nadie, como no sea a esa fauna de Aguirres, Cospedales, Sorayas, Montoros, Arenas o Rajoys que no respetan nada, a los que nada importa que todo se derrumbe, también la educación, a cambio de unos votos que les den el poder.
Septiembre me deprime, cada año un poco más.
1 | Por una educación pública de calidad « De Mar a Mar
13 septiembre 2011 a 10:40 pm
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