Posteado por: Juan Pedro Serrano en: 6 Julio 2009
Hace algún tiempo llegó a mis manos uno de esos “panfletos antipedagógicos” que, por desgracia, parecen gozar de cierto predicamento entre amplios sectores de la docencia.
Es una especie de diccionario que pretende ridiculizar términos que deberían ser habituales para quienes trabajamos en la enseñanza, pero que no lo son; tal vez, porque les tenemos miedo, porque somos incapaces de aceptar que su aplicación en el aula nos exige un esfuerzo de formación, y un compromiso con el alumnado, que no estamos dispuestos a asumir.
Algunas definiciones que propone este pseudodiccionario:
- Adaptación curricular: dar libros de primaria a los alumnos de secundaria.
- Alumno desmotivado: gandul, mal estudiante.
- Atención a la diversidad: dedicar más tiempo a los alumnos que no sirven para estudiar que a los que sirven.
- Constructivismo: secta fanática (y peligrosa) que afirma que los niños y adolescentes aprenden las cosas solos, y que propugna que el profesor, mientras tanto, sólo se ocupa en mirarlos.
- Diversidad: conjunto de alumnos justitos y/o gandules. Incluye también a los granujas y predelincuentes.
- Escuela inclusiva: poner las manzanas sanas y las podridas en el mismo saco. La intención es que las podridas se vuelvan sanas, pero el resultado es que muchas de las sanas acaban podridas.
Esta demostración de supina ignorancia no me resulta graciosa y, lo que es peor y más preocupante, estoy convencido de que quienes así opinan actúan en consecuencia, demostrando su absoluta falta de respeto hacia el alumnado.
Burlarnos de estos conceptos no les resta valor, ni justifica su incumplimiento, sólo confirman nuestra cobardía y escaso sentido de la responsabilidad profesional.
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1 | Júcaro
9 Julio 2009 a 5:15 pm
Hay expresiones que hieren. No soy docente, mis hijos son brillantes en sus estudios, quiero decir que no me siento aludido como padre sino como persona. Solemos descargar en la administración toda la responsabilidad pero con docentes como los que supuestamente escriben esos panfletos -igual lo hacen en horario laboral-, el panorama deja mucho que desear.
La gracieta referente a la diversidad es especialmente nauseabunda.
Me quedo con tu denuncia, Juan Pedro. Que exista profesorado que se rebele contra estas inmundicias quiere decir que no todo está perdido.