Posteado por: Juan Pedro Serrano en: 24 Enero 2009
“Yo creo que, bajo el punto de vista religioso (del cual brotan el orden moral, social y político en su fondo), todas las escuelas, altas o bajas, chicas o grandes, se pueden clasificar en dos grupos: escuelas de Dios y escuelas del Diablo. En otras palabras, por lo que hace a la religión, y en nuestra Patria y raza, las escuelas se dividen en cristianas y no cristianas o laicas, esto es, en amigas de Cristo y de los cristianos o enemigas de Cristo y de los hombres e instituciones todas del Cristianismo en cuanto tales.
Repasad en vuestra mente los ejemplos que conozcáis y veréis cómo (franca o solapadamente, pero siempre real y efectivamente) toda escuela laica es un semillero de anticristianos, toda escuela no cristiana es un centro de odio y desvío del Cristianismo. Y si las cosas son así, como son hay que tomarlas; la escuela laica es, entre nosotros, la escuela anticatólica. Lo he dicho un millón de veces y lo repetiré otras tantas.
… Y como en las cosas de Dios el sacerdote de Dios debe entender, ¿qué cosa más natural y lógica que la intervención del clero en la enseñanza, ya enseñando, ya viendo lo que se enseña en el orden a ál confiado, que es el orden teológico?…

… Tenemos los cristianos la obligación social de salvar del laicismo a los hombres y a los pueblos, porque debemos preservarlos de caer en la suprema barbarie. Y el maestro de los pueblos bautizados es el sacerdote, ya porque él es la luz de la Iglesia, ya porque él es la lucerna del mundo en las ideas fundamentales, ya porque con la moral y los medios de santificación, es la sal que le preserva de la corrupción, ya porque es el guardián vigilante y el pastor perito y amante que sabe conocer a sus ovejas, preservarlas de los lobos y darles saludables pastos”.
Esta “bonita” reflexión corresponde al Padre Andrés Manjón (1846-1923), fundador de las escuelas del Ave María. Se recoge en la obra “Tratado de la educación. Hojas educadoras y coeducadoras”, en Edición Nacional de las obras selectas de D. Andrés Manjón, Patronato de Escuelas del Ave María, Madrid, 1947.
Afortunadamente para él, parece que no llegó a conocer los métodos pedagógicos y de atención al alumnado utilizados en algunas de estas escuelas que él consideraba de Díos, y que ayer mismo eran denunciados en varios medios de comunicación. ¡Y lo que todavía no sabemos!